16 agosto 2005

La sabiduría del saber "dar una mano"

Ree:La sabiduría de "saber dar una mano"

por Rav Motti Maarabi
tomado de http://www.masuah.org/ree_rab_moti.htm

Hay cuatro categorías de hombres en lo que respecta a la práctica de la caridad -Tsedaká-: el que practica la caridad pero le disgusta que otros la practiquen, él ve con malos ojos la satisfacción de sus semejantes. El que desea que otros practiquen la caridad mas no él mismo, es un avaro. El que la practica él mismo y desea que los otros también lo hagan, es un hombre virtuoso. Finalmente el que no la practica e impide que otros lo hagan, es un impío". (Pirké Avot, Tratado de Principios, 5:16).

Así concibieron los maestros de Israel las normas que habrían de regular las relaciones interpersonales, en la sociedad hebrea. El concepto de la Tsedaká, es decir, la implementación de la equidad y la justicia para con el prójimo, ya sea para con el necesitado o para con el carenciado, revestía -en cierto modo-, diversas modalidades, aunque una sola de ellas participaba del ideal rabínico. Existían, sin embargo, tantas maneras de dar, como individuos dispuestos a recibir...

Nuestra Torá, fuente de verdad y justicia -Emet y Tsédek- que deben inspirar al ser humano en su cotidiano quehacer, aborda en la presente sección el candente tema de la "Tsedaká", algo que en nuestro plano teórico no reviste duda alguna, pero que bajado a la práctica diaria, a la "arena de los hechos", adquiere una forma diríamos muy poco sustanciosa y hasta crea la figura de una 5ta y hasta de una 6ta (y tal vez más...) categoría entre los auspiciantes de tan alta norma moral -en cuanto ayuda espiritual y material para con el otro- se refiere.

Perashat "Reé" nos presenta una probable cara de la realidad, y nos dice: "...Cuando hubiere en medio de ti pobre de alguno de tus hermanos, en alguna de tus ciudades...

"No endurecerás tu corazón, ni cerrarás tu mano a tu hermano menesteroso; sino que indispensablemente le abrirás tu mano, y sin falta le prestarás lo suficiente para la necesidad que padeciere... "Ciertamente le darás, y no debe dolerte el corazón cuando le dieres..." (Deuteronomio 15: 7,8,10).

Hay circunstancias por cierto, que pueden golpear a las puertas del destino de cualquiera de nosotros. No existen hipótesis para la Torá. Existen seres humanos que están "en medio de ti", y que están atravesando por una situación límite. El concepto "en medio de ti" me involucra -en cierto modo- como posible causante de tal o cual situación, al entender de algunos exégetas. Cosa que no es del todo exagerada. Yo mismo puedo ser causante de tales situaciones. Lo primero pasa por ser sensible; para la Torá: "abrir tu corazón", no endurecerlo. Abrir el corazón para que luego pueda abrir mi mano, paso que será una consecuencia lógica y deseada si es que decido ayudarlo. No alcanza con "abrir la mano" tan sólo, si es que con eso pensábamos salir del paso. El indigente también necesita de mi corazón....

Y es allí donde la Torá, más que nunca Torat jaim, es decir, una Torá de Vida, se detiene una y otra vez, para que a la acción buena le preceda una mejor y sana intencionalidad. Para que a mi mano la muevan los nervios de la bondad, para que cada uno de mis dedos se movilice al son de la musculatura "voluntaria" de mi cuerpo; para que mi mano sea una prolongación de mi corazón... Mi corazón, asiento bíblico de la razón más que del sentimiento; espacio que me ayuda a discernir y a jerarquizar mi dimensión humana, por sobre todo.

La Torá tiene una preocupación, pero no es la de cuánto le daré al menesteroso, sino la de ¿cómo le he de darŠ? ¿Cómo me verá mi hermano en el momento de recibir mi ayuda, más allá de que no la entregué personalmente?

¿Cómo se sentirá él al verse rodeado de necesidades materiales que le impiden llegar más allá de sus propias limitaciones? Todo esto pide nuestra Sagrada Torá que nos propongamos frente al gran acto cotidiano de la Tsedaká, para que sea verdaderamente Justicia...

Por eso insiste al final: "Natón titén ló..." - "Ciertamente le darás, y no debe dolerte el corazón cuando le dieres..." ¿Qué quiere decir esto de que "no haya dolor en mi corazón" por haber dado algo mío para ayudar?

Nuestros maestros -de venerada memoria- conocían al "ser interior" que se alberga en cada ser humano, y opinaron a este respecto diciendo: La naturaleza que caracteriza a los seres humanos es que sus corazones se "enternecen" y sus manos se abren en amplitud para dar "Tsedaká" a los carenciados, en los momentos que le sobrevienen a ellos mismos o a sus allegados situaciones angustiosas y dolorosas, ya sea de orden económico o bien alguna suerte de dolencia o enfermedad. Es, al entender de los Sabios, en ese preciso instante, cuando recordamos todo, como está escrito en el Libro de Proverbios (Mishlé, 10:12): "...empero la Tsedaká -caridad, justicia- nos libra de la muerte", y suelen correr presurosos a cumplir con esta noble cualidad, enumerada entre las Mitsvot de mayor valía.

Es por eso que nuestra perashá enfatiza: "Natón titén" - "Darás, ciertamente habrás de dar": hay que dar en todo momento y en todos los tiempos; "y no deberá dolerte el corazón cuando le dieres", es decir, no aguardes para ofrecer Tsedaká hasta que te encuentres -D-s nos libre- en
situaciones de apremio... Dar es ofren-dar. Dar parte de mí. De mi propio ser. Con alegría. Sin presión alguna. Porque sé que hay quien me necesita...

Veamos finalmente una sabia reflexión de Rabí David Shemuel Pardo (sabio judío de los Balcanes, radicado en Jerusalém, 1718 - 1790): "...Hemos observado un mal enfermizo entre los dadores de tsedaká, y es, que en el momento de tener que abrir sus manos y sus bolsillos generosamente, ellos suspiran y se lamentan a los oídos de los pobres sobre su difícil
situación, y sobre todo tipo de problemas, fracasos y quebrantos que les acontecen: 'Los negocios no prosperan', y de '
¡cómo la pobreza se ha expandido por el mundo!'; situaciones todas que tornan prácticamente imposible la práctica activa de la tsedaká (= caridad = justicia) (!?). A raíz de que existen seres humanos como éstos, es que nos previene y nos advierte la Torá -dice el Rabí David Pardo-: '...y no deberá dolerte el corazón cuando le dieres', sino 'Ciertamente le darás, con integridad de corazón y con gesto amable' ".

Mucho se ha escrito y más se ha dicho al respecto. Pero frente a tan oscura realidad, el Talmud establece: "...Cuando un pobre va a visitar a un rico y le dice: '¡Ayúdame!'; si se le responde favorablemente, bien; si no, está escrito: 'Pobre y rico se encontraron, a todos los hace D-s' (Mishlé 22:2). Él, que Hace a uno pobre y a otro rico, puede trocar los papeles y las situaciones" (Talmud Bablí, Tratado de Temurá 16 A).

Y digamos finalmente que no sólo hay que saber dar. También hay que conocer cómo hacerlo. Así lo enseñaron nuestros maestros: "...Porque D-s traerá toda obra a juicio, sobre todo la cosa oculta, buena o mala" (Kohelet 12:14). Decía Rabí Ianai que esto se refiere al que da Tsedaká en público.

Rabí Ianai vio a un hombre que ayudaba a un pobre delante de muchas personas. Le dijo: "Mejor hubiera sido que no le dieras nada, y no avergonzarlo así, públicamente"... (Talmud Bablí, Tratado de Jaguigá 5 A).

Está por comenzar el Mes de Elul. Es el tiempo de saber dar -primero- para luego pedir al Creador por la vida, por los hijos, por el sustento. E'L'U'L es "Aní Ledodí Vedodí Lí" - "Yo soy para mi amado y mi amado es para mí".

Que no quede en las palabras. Demos una mano.

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