13 junio 2008

parashah: BEHAALOTJÁ - El Mensaje de la Carne, por Malcah 5767

BEHAALOTJÁ - El Mensaje de la Carne, por Malcah 5767
de Josefina Navarro - Friday, 13 de June de 2008, 18:34
 

B''H

Saludos Amigos

Aquí les comparto el comentario del año pasado de Malcah correspondiente a la porción de Torah de esta semana, Beha'alotja.

 Shabbat shalom

 

B''H
De Malcah para la Quebutzah
 
Comentario a laParashah de Behaalotjá
2 de junio de 2007
16 de Siván de 5767
 
 
BEHAALOTJÁ
EL MENSAJE DE LA CARNE
 

     Como todas las parashiot cuyo título empieza por la letra Beit, la de Behalotjá que, si el Todopoderoso así nos lo permite, leeremos el sábado, nos remite, de forma más o menos consciente, a Bereshit, es decir, al principio de la Creación. Si nos fijamos en el significado de la palabra Behaalotjá, sólo advertiremos que se trata del verbo "'alah" empleado en el infinitivo de su forma causativa (=hacer subir) prefijado con la partícula "be" (=en) y sufijazo con el posesivo de la segunda persona del masculino singular: "ja" (tu…). La traducción literal sería pues: "En tu hacer subir…". Esta indicación va destinada al sumo sacerdote, a Aarón, cuya misión es siempre "hacer subir" (el humo de los sacrificios, los rezos…). La Triple Bendición, el sacerdote no "la hace bajar" sino que "la deja bajar" a través de él, limitándose entonces a ser un sujeto pasivo. Cuando el sacerdote es sujeto activo es para "hacer subir".
 
     Pues bien, estamos en Behaalotjá y Aarón debe hacer subir algo muy particular hacia Hashem, nada menos que las lámparas del Candelabro, de la sagrada Menorah. Así, en homenaje al Eterno Que creó la luz, Aarón debe encender las siete lámparas, colocadas encima de los siete brazos que representan los siete días de la semana. Naturalmente, las traducciones elegantes dicen "Cuando encendieres las lámparas…" con el espléndido futuro del subjuntivo propio de la lengua castellana y nos quedamos encantados, pero el "mot a mot" (traducción literal) resulta muy revelador de lo que pide Hashem. Quiere que los seres humanos, a través de la santidad sacerdotal, eleven hacia Él su ardor interno, el fuego de su deseo de vivir y esto debe hacerse con suma concentración. Lo sabemos porque nuestros sabios han entendido la expresión "el mul penei hamenorah" como "hacia la lámpara central del candelabro" y no como "hacia la parte delantera del candelabro". Según esta interpretación, las seis llamas laterales debían estar ligerísimamente inclinadas hacia la central.
 
     A continuación, la Torah se explaya sobre la purificación de los Levitas antes de pasar, en el capítulo 9, a las órdenes relativas a la conmemoración de la salida de Egipto, o sea, a la celebración de Pésaj (la Pascua), por parte de aquellas personas que, por razones ajenas a su voluntad, no han podido hacerlo en su momento. Lo harán un mes más tarde. Este precepto fundamenta uno de los grandes principios morales del judaísmo: la obligación de dejar una segunda oportunidad a quien ha fallado sin querer y lo lamenta con sinceridad, pero esto no podrá servir de pretexto a la negligencia, porque el hombre que pudiendo celebrar la Pascua, no lo ha hecho, no estará exento de pecado. La Torah siempre es firme y equitativa. También es benevolente y la hospitalidad espiritual es una de sus reglas: el extranjero que quiere unirse a los hijos de Israel en la celebración de Pésaj, podrá hacerlo. Dice el texto: "Vuestra regla será la misma para el extranjero y para el oriundo del país" ¡Muchos estados modernos podrían tomar ejemplo!
 
     Esta mención de la Pascua entre las leyes relativas a las luces de la Menorah y las indicaciones que siguen sobre la presencia de la nube, que, de noche se tornaba fuego, encima del Tabernáculo, no deja de llamar la atención. La celebración de Pésaj se sitúa en el centro del judaísmo, como la cuarta lámpara del candelabro garantiza la protección de la nube de fuego. Conviene pues reflexionar sobre esta celebración y es lo que vamos a tratar de hacer ahora.
 
     Pésaj es, como todos sabemos, la fiesta de la salida de Egipto y se caracteriza por unas prescripciones muy estrictas en lo referente a la comida. Esencialmente se trata de consumir pan ácimo durante una semana y, durante la cena pascual, hierbas amargas y cordero, prescripción esta última que no se puede cumplir desde la destrucción del Beit – Hamiqdash (el Templo) pero que está clarísimamente estipulada en la Torah.
 
     En hebreo, la palabra "cordero" se dice "se" y se ortografía "sin he" letras que suman 305, igual que las de la palabra "deshé" o sea "hierba", utilizada por primera vez en el capítulo 1, versículo 11 de Bereshit, donde se dice: "que produzca la tierra césped (o hierba) etc." empleando un verbo imposible de traducir por falta de equivalente en nuestros idiomas. En efecto, decimos "produzca la tierra césped", pero lo que está escrito en hebreo realmente es: "cespede la tierra, césped, hierba…" es decir, con gran énfasis puesto en la noción de hierba, de vegetal humilde. Todo esto nos lleva a pensar que si "se", el cordero y "deshé", la hierba, el césped, se encuentran en el mismo conjunto energético, también comparten determinado tipo de consideración por parte de la Mente Suprema. No es, por lo tanto, un atrevimiento inadmisible afirmar que, ya en el día tercero de la Creación, el Eterno contemplaba la futura existencia del cordero como equivalente carnal de la hierba. En cierto sentido se podría, pues, entender que para el Eterno, el cordero, modesto, indefenso, humilde como la hierba a la que todos pisan sin miramiento alguno, viene a ser el primogénito de entre los mamíferos que serán creados el día sexto justo antes del hombre.
 
     Volviendo a la celebración de Pésaj, que es fiesta de reconciliación entre el Eterno y Su pueblo, comprobamos que el cordero, ligado en su concepción, por un lado a la hierba, primera comida de hombres y animales y, por otro, a la noción de primogenitura, y ligado en su consumición tanto al sacrificio, "comida" divina, como al sustento del ser humano, representa efectivamente el lazo carnal que, en la noche de la Liberación arranca al hombre de la maldición y le devuelve la amistad de su Creador.
 
     El capítulo 9 de Bamidbar gira en torno a la Pascua que resume la relación total entre el Eterno e Israel a través de la palabra y de la comida. Luego, en lo visual, la nube luminosa protegerá el campamento y las órdenes divinas que el pueblo ya será incapaz de oír directamente serán siempre transmitidas por Moshé e, incluso, altamente sonadas, en lo que a los desplazamientos colectivos se refiere, por dos trompetas de plata batidas a martillo que se tocarán para convocar al pueblo a caminar hacia su meta, confiando en Elohim Que les salvará de la mano de sus enemigos y recordará su amor por él en el júbilo de las fiestas.
 
     Está todo muy bien planeado para que la vida en este planeta sea lo más parecido posible a una perpetua delicia para los seres de carne y sangre destinados a poblar la tierra en promisión. Pero estos seres humanos que son los hebreos, todavía tienen de sí mismos la imagen que les impusieron sus opresores, son materia, no espíritu, son una fuerza de trabajo y nada más. Para ellos, haber salido de Egipto, de la esclavitud, es únicamente poder caminar en busca de comodidad, de sosiego, de condiciones materiales confortables, empezando por la buena comida y, desde luego, el desierto no es el lugar geométrico de la gastronomía. Entonces el pueblo, desconcertado y hastiado por una multiplicidad de ordenanzas que no acaba de entender, pero que trataría de asumir si le proporcionaran de inmediato el anhelado bienestar, empieza a patalear.
 
     Lo hemos dicho y repetido muchas veces a lo largo de los comentarios de los parashiot de Shemot y Vaykra: el pueblo hebreo todavía no ha alcanzado su madurez. Aquí, en Bamidbar, vuelve a las andadas. Ya no se fabrica un becerro de oro, es muy cierto. En algo ha evolucionado… el furor de Moshé y la muerte de los principales culpables no fueron ciertamente ajenos a esta evolución. Todos los seres inmaduros admiran la fuerza porque la entienden, es tangible y no deja lugar a dudas sobre quién es el jefe.
 
     Por lo tanto,  después de dos años en el desierto, sin vislumbrar una mejora en sus condiciones de vida material, a pesar de todos los esfuerzos que han ido realizando para construir el Tabernáculo, centro y manantial de la vida espiritual, los hebreos, desconcertados e impacientes, se quejan de lo mal que les van las cosas. Desprecian lo espiritual que les parece un asunto sin interés y la Cólera Divina desencadena un incendio, lo cual es perfectamente lógico porque el fuego es la expresión de la actividad espiritual. Como era de esperar los pecadores se arrepintieron, suplicaron, pidieron merced y el fuego se apagó. Hoy en día, el castigo por este tipo de conducta no es tan rápido y espectacular. El apego por la luz del alma suele ser considerado en la sociedad actual como una enfermedad, una frivolidad… cuando menos, una muestra de irresponsabilidad que justifica a menudo la reflexión siguiente: "¿Pero, esto, te aporta algún dinero?", pero no cae ningún fuego del cielo a continuación. Simplemente percibimos la Protección del Santo a través del creciente número de "irresponsables" que se mueven por el ancho mundo.
 
     Nuestros antepasados, pues, consiguieron misericordia y, probablemente, empezaron a pensar que lo espiritual tiene su importancia. Pero, si bien le tomaron crecido respeto, no les llenó. Aun comprendiendo que Aquello venía de Jefe, seguían sin entenderlo. No les llenaba. Y fue entonces cuando sintieron un hueco en el estómago. Tuvieron hambre, hambre de carne fresca y sabrosa, no la carne santa, casi diría: "etérea" del cordero pascual. Dijeron que están hartos de este Manah que sí, caía del cielo puntualmente, pero era bastante soso, sabía siempre igual. Querían una carne consistente capaz de saciar el organismo. Y la tuvieron. Llegaron las codornices y el Eterno ordenó que las comieran durante un mes entero, hasta no aguantarla más. Comieron codornices que… que pasaron por allí.
 
     En hebreo, "carne" se dice "Basar", exactamente como el verbo "basar" que significa "anunciar" y también "quebrar, romper, destrozar" y "beser" que es confianza y fe.
 
     El ser humano es un ser de carne, es decir, que si se deja llevar por las necesidades materiales que le condicionan la supervivencia, puede caer en la profanación de su alma, pero si sabe ordenar sus deseos carnales de forma que honre su propia alma y, por lo tanto a su Creador, recibirá la buena noticia de que, en vez de destrozarle y romperle en mil fracturas, su carne le transmite la confianza y la fe que, en su vida y en su muerte, le darán el triunfo sobre la destrucción.

11 junio 2008

VidaenTorah: Re: Clase Tefiláh II

Re: Clase Tefiláh II
de Mónica Rebeca Navarro - Wednesday, 11 de June de 2008, 15:30
 

                                                                                                    BH´´

Muchas gracias por su respuesta, me ha resultado muy útil,no sé bien como funciona esta página pero si me doy cuenta que me va ayudar a mí, y que yo también desde mi pequeño lugarcito voy a poder ayudar a otros.

Gracias otra vez, me confirmarón lo que por estar sola tarde en darme cuenta,dicen que no es bueno que el hombre este solo, tambien me confirmo este dicho, me hubiera evitado este golpe que me dí.

No debo aprendeer más de lo que sé, limitarme a cumplir solo las pocas mizvot que conozco, aunque son muy poquitas, tampoco debo hacer más.No se debe caminar rápido no es bueno .

Con un cordial shalom los saluda Rivka.

VidaenTorah: Re: Clase Tefiláh II

Re: Clase Tefiláh II
de yesid conde - Tuesday, 10 de June de 2008, 23:14
 

shalom javer david espero q esto te ayude a no despreciar a nadie:

por q el enorgulleserce decian los sabios  lleva a las personas al geinon. y él melej shlomo en  mishlei 3:7 dice:no seas sabio en tu propia opinion teme a D-os y apartate del mal.

pirke avot cap 4 mishna 4 :

rabi levitas de la ciudad de yavne dice: humillate mucho,mucho y se de espiritu rebajado pues el final de todo hombre son los gusanos.

pirke avot cap 4 mishna 3:

Ben azai solia decir: no desprecies a ningun hombre y no desprecies a ninguna cosa,pues no hay hombre q no tenga su hora ,ni ninguna cosa q no tenga su lugar.

El estudio no es para saber mas q los demas o sentirme superior por q se algo, lo q hace q uno sea un tzadik es el guardar los mitzvots.

por q esto es el todo del ser humano.

07 junio 2008

parashah: Re: BEJUKOTAY - La Agonía de la Tierra, por Malcah 5768

Re: BEJUKOTAY - La Agonía de la Tierra, por Malcah 5768
de Antonio gonzalez - Saturday, 7 de June de 2008, 02:29
 

B"H

BELLO, BELLISIMO Y CLARITO COMO EL AGUA DE FUENTE NO CONTAMINADA.   GRACIAS!

PREGUNTA: SE PUEDE O! ES PERMICIBLE HACER DEL CONOCIMIENTO A PERSONAS QUE NO SABEN DE LA TORA, PERO QUE DINAMICAMENTE O PACIVA; ESTAN DESTRUYENDO LA TIERRA? 

06 junio 2008

parashah: BEJUKOTAY - La Agonía de la Tierra, por Malcah 5768

BEJUKOTAY - La Agonía de la Tierra, por Malcah 5768
de Josefina Navarro - Friday, 6 de June de 2008, 18:53
 

B''H

shalom javerím, aquí les comparto el comentario de este año correspondiente a Bejukotai. Este shabbat leemos Naso, pero estamos en medio de la operación de "puesta al día", así que espero sabrán disculpar el retraso.

              ה "ב

Malcah para la Quebutzah                                                                                                                                    24 de Mayo de 2008

Parashat Bejukotay                                            19 de Iyyar de 5768

                                                                                      34 del Omer

 

 

"La Agonía de la Tierra"

 

Cuando parecía que todo estaba dicho sobre las consecuencias buenas o malas que la conducta de los Benei Israel les atraería por efecto de la satisfacción o del enojo de HaShem, según ellos hubieran cumplido o no con Sus mandatos, he aquí que la última Paráshah de Vayqra constituye, después de un breve y claro recordatorio de las bendiciones ligadas a la obediencia piadosa, un espeluznante recorrido por la catástrofe que engendraría una rebelión pertinaz contra la Torah.

 

Cualquiera está en su derecho preguntándose a qué viene, por parte del Eterno, semejante acceso de furor cuando el pueblo ya está prevenido de los castigos que le aguardan si se empeña en pecar.

 

Una observación detenida de los textos, sin embargo, nos ofrece la clave de la Ira que se desencadena en Bejukotai. El versículo 14 del capitulo 26, o sea el primero de cuantos contienen los anatemas, es elocuente al respecto. Su décima tercera palabra es "(Tinasu)", es una frase condicional, y significa "si despreciareis".  "Si despreciareis mis estatutos". El número 13 siendo el de La Unidad nos indica que la ira Divina está provocada por un ataque totalmente malintencionado a la Santísima Esencia.  Ya no nos encontramos frente a la simple irresponsabilidad, fruto de la atracción que suele ejercer la aparente facilidad de la trasgresión sobre mentes deslumbradas por el brillo chillón de todo lo pasajero, o por los socorridos pretextos de tipo:  "!No será para tanto!", "El Eterno es magnánimo, perdona el desliz"… ¡Ni va a ser tan mezquino como para castigar siempre y por todo! etc.…"No, ahora nos encontramos frente al desprecio de la Unidad Divina expresado en un discurso que, hoy en día, nos resulta muy familiar y que, más o menos, se puede resumir de la siguiente forma: "Nadie nos va a dictar a nosotros leyes ni estatutos. La Torah es un conjunto de sandeces que nos entorpece la existencia, lo mejor es olvidarse de ella". Es el desprecio que poco a poco se va extendiendo al conjunto de la sociedad, obligando a la gente piadosa a aceptar el papel de cobarde retrógrada que le dejan los jerifaltes  de la soberanía Humana sobre la buena marcha del universo.

 

Es este desprecio lo que provoca el desencadenamiento de la divina cólera descrita en Bejukotai y que se centra en la tortura infligida a la tierra.

 

La tierra, aunque muchos no lo advierten y otros, a menudo lo olvidan, goza de especial predilección por parte de HaShem. Él la llama por dos nombres, el primero es "aretz" que la designa en su conjunto, o sea como planeta, como territorio y como suelo, mientras que el segundo, "adamah", se refiere sobre todo a la superficie eventualmente cultivable, a la arcilla que se utilizará para formar el hombre y que, por consiguiente es parte de "haaretz" (La tierra).

 

La palabra "Haaretz" es la séptima y última del primer versículo de  la Torah. Completa el primer ciclo de siete, ciclo que es el fundamento de la Creación. En este sentido, la tierra, "Haaretz" no sólo representa la culminación de la obra sino que se perfila como ligada al Shabbat, el cual manifiesta la satisfacción  del Elohim por haber creado al mundo.

 

Esta palabra "Haaretz", por cierto, también es la primera del segundo versículo que así reza: "Vehaaretz" (y la tierra) para indicar el lazo indestructible que une las dos menciones del planeta. Vehaaretz es pues la octava palabra de nuestra Torah.

 

No podemos por menos de observar que el número 8 es 2 3. . Aquí irrumpe la tercera dimensión, tan característica del universo tal y como lo aprehendemos los seres humanos.

 

Por otra parte, el segundo versículo nos brinda una precisión de sumo interés. "y la tierra estaba informe y vacía". Comprobamos que el Elohim no se preocupa prioritariamente de cómo están los cielos, sino de cómo está la tierra. Es ella la que realmente le interesa.  A lo largo de toda la torah nos prescribirá cantidad de mandamientos sobre el modo adecuado de tratarla y la siente tan entrañablemente unida a Su Santa Voluntad que cualquier pecado humano repercutirá sobre ella como un ataque despiadado.

 

Así, en el Gan Edén, advierte al hombre: "Maldita será el suelo a causa de ti". Pero lo que maldice es el Suelo, "Haadamah", no "Haaretz", el planeta, para Él cual conserva Su profundísimo y apasionado afecto.

 

Tanto ama el Eterno a la tierra que le concede el descanso "Shabbático", como se lo concede a Si Mismo y se lo exige al ser humano. Los primeros frutos de los árboles  serán devueltos a la tierra y no se deberá sembrarla nunca sin observar reglas muy estrictas que eviten las mezclas abominables y, por lo tanto, la impureza que acabaría emponzoñando el sueño, la capa de la atmósfera y, en conjunto, destruyendo el equilibrio ecológico. HaShem ama a la tierra. Cuando nosotros dejamos de amarla, cuando la explotamos, la despreciamos, despreciamos este objeto de la Divina Predilección a partir del cual fuimos formados. Es la abominación total.

 

Con todo lo dicho, se explica que, en la Paráshah Bejucotai que trata de furor divino ante el desprecio de los Benei Israel, no sólo por la tierra en general, sino por la parte del planeta que goza de Su Mayor Complacencia, la que es el corazón del mundo y que les ha entregado en heredad perpetua para que la utilicen y la cuiden con devoción y agradecimiento, se explica que las imprecaciones alcancen un grado pavoroso.

 

Ahora bien, el capítulo 26 de Vayqra al que nos estamos refiriendo, se inicia con promesas de buena observancia, cosa que el Eterno nunca deja de hacer antes de enumerar las maldiciones que acarrearía la mala conducta y en éste párrafo, Haaretz viene citada seis veces. En los últimos tres versículos del capítulo, que abren la perspectiva del perdón, viene citada dos veces. Pero en los versículos intermedios, que son los de la ira, la palabra Haaretz aparece trece veces. Siendo el número 13 el de La Unidad, queda clara la vinculación de la agonía de la tierra con un sufrimiento impuesto a la Unidad divina.

 

Al comprobar que Haaretz viene mencionada veintima veces (7 x 3) en el terrible texto de Bejukotay, constatamos, una vez más que la tierra y el Shabbat están unidos en la Mente del Eterno…quizás como dos esposos. Ya conocemos el apego de HaShem por el Shabbat.  El caso es que, en el capitulo 2 de Bereshit, después de la santificación del Shabbat, viene el versículo 4 en el que se citan dos veces los cielos y la tierra, pero con una particularidad: la segunda vez se nombra "Eretz" antes de "Shamaim".

 

El Eterno ama a la tierra, no admite que se la maltrate y la descripción que nos hace de su agonía cuando a victima de la tortura infligida por unos humanos desaprensivos que no la dejan descansar y la emponzoñan con mezclas prohibidas, es tanto más estremecedor cuanto que describe la situación actual de nuestro otrora tan hermoso y tan prodigo, planeta.

 

La tierra está agotada. Exige un respeto que se le otorga cada día menos, a pesar de las numerosas advertencias de ecologistas y de otras personas sensatas. Llagas nunca vistas y bestias salvajes la asolan. Aquí nos hablaron, hace unos meses, de una invasión de jabalíes, por citar una de las numerosas invasiones de bichos de variados tamaños y costumbres de las que nos podemos enterar  a diario. Las frutas y las hortalizas, saben a productos químicos y, a menudo, es preciso tirarlas en vez de comerlas.

 

La tierra agoniza, pero todos sabemos que HaShem no va a dejarla morir, que la sanará y nos la devolverá esplendida y risueña, por que siempre conoce al ser humano la posibilidad de arrepentirse. Pronto y en nuestros días, veremos la redención propuesta al final del capitulo 26 de Vaykra.

 

¡Bendito Sea Háshem, Creador del arrepentimiento y amante de Haaretz!      

 

 

 

parashah: BEHAR - La Puerta de la Compasión, por Malcah 5768

BEHAR - La Puerta de la Compasión, por Malcah 5768
de Josefina Navarro - Friday, 6 de June de 2008, 18:47
 

B''H

Shalom amigos, y continuando con la operación "puesta al día" aquí les envío el comentario de este año correspondiente a la porción de Behar.

                          ה "ב

Malcah para la Quebutzah                                             

Parashat Behar Sinai                                                                                                                                                      

17 de mayo de 2008

12 de Iyyar de 5768

 

"La Puerta de la Compasión"

 

La Paráshah que vamos a leer el sábado es la vigésima segunda  de todas cuantas componen la Torah.  Inútil decir que éste número 32 nos llama poderosamente la atención porque, como ya sabemos, representa la suma de las dos letras que forman la palabra "Lev", la cual significa corazón.

Desde luego no podría estar mejor empleada que para designar los capítulos 25 y 26 de Vayqra. Estos capítulos, en efecto, contienen los mandamientos de la solidaridad, de la bondad, en suma de la compasión.

 

Esta compasión, el Eterno nos la pide, en primer lugar, para la tierra. Con admirable lógica nos encarece tratar con muchos miramientos a la tierra que nos va a entregar.  Se trata de una parcela pequeña del planeta que habitamos, pero es la que nos entrega en heredad a los Benei Israel, para conducirnos hasta ella, nos ha sacado de otro territorio, en el que éramos esclavos. Es la tierra de nuestra libertad que nos es concedida en heredad, ¡lo menos que podemos hacer es cuidarla!.

 

En Behar Sinai, HaShem nos especifica como hacerlo. Primero dejándole descanso, no abusando de ella.  Se le dejará su Shabbat cada siete años y el jubileo cada cincuenta.  El hacer feliz a la tierra, también nos hace felices a nosotros porque ella no sólo nos sustenta sino que nos regala de continuo su exhuberante esplendor.  Hoy día,  se ha abusado tanto y tanto de la tierra que se la ve triste, desarbolada, yerma y contaminada por innumerables venenos, torturadas por las autopistas, por el peso de los pantanos que, a menudo solo aportan a los negocios de gente desaprensiva.

 

A la tierra hay que amarla como a una madre, no explotarle de un modo bestial que la deje extenuada, y este no sólo es valido para Eretz Israel sino que lo es para todo el planeta, demostrándose así que las mitzvot (mandamientos) de la torah, son muchas veces de interés general.

 

 

Resulta evidente que si la tierra necesita compasión, también la necesitan los animales que la pueblan. No todos son comestibles.  Realmente una ínfima parte de los animales es casher, pero todos, absolutamente  todos han sido creados por Háshem y merecen un respeto.  Forman parte de la unidad de la Creación cuyo equilibrio es sagrado.

 

Podríamos hacer reflexiones muy parecidos sobre los párrafos de la Paráshah que se refieren a las relaciones sociales: todos van encaminados a mantener el equilibro entre los seres humanos. Así pues, lo que se refleja en el texto de Behar es constitución de la columna central, escalera de la comunicación con el Eterno, flanqueada por el pilar de la misericordia, descrito en Quedoshim y el pilar del Rigor, descrito en Emor.

 

¡Bendito Sea Háshem que nos enseña a construir una sociedad pacífica y dichosa! 

 

 

parashah: NASO - De la Amargura a la Bendición, por Malcah 5767

NASO - De la Amargura a la Bendición, por Malcah 5767
de Josefina Navarro - Friday, 6 de June de 2008, 12:45
 
B''H
 
Shalom Javerim, aquí les comparto el comentario de Malcah correspondiente a Naso del año pasado.
 
 
B''H
De Malcah para la Quebutzah
 
 
Comentario de la Parashah de Nasó
que se leerá el 26 de mayo de 2007
día 9 de Siván de 5767
 
 
NASÓ
DE LA AMARGURA A LA BENDICIÓN
 
 
     Después de una nueva cuenta de los Levitas según sus clanes, los cuales debían congregarse alrededor del Tabernáculo, o sea, entre éste y el pueblo, llegamos al capítulo 5 de Bamidbar. Todo lo que se ha de hacer, cómo se ha de hacer, con qué disposición, en suma, todo lo positivo referido al despliegue de Israel antes de su entrada en la Tierra Prometida, está organizado de modo inalterable.
 
     Ahora quedan por establecer algunas disposiciones negativas. Éstas se van a referir, en primer lugar, a las personas que por una razón u otra supongan un peligro para el pueblo. Son gente a quien se debe expulsar del campamento para evitar la contaminación del entorno que Hashem designa como Su Morada, puesto que dice en el versículo 3: "Ani shojen" es decir "Yo habito".
 
     La expresión "Yo habito" causa cierta perplejidad. ¿Acaso no habita el Eterno en todas partes? Es de suponer que si bien Él llena los cielos y la tierra, el tabernáculo es el lugar donde Su Energía, Su Poder reconciliador con la Humanidad fluye con mayor intensidad. Allí Él quiere una pureza absoluta en medio de un espacio santo y de un pueblo sano.
 
     En este sentido es comprensible la orden de alejar a quienes padecen determinadas dolencias o podría padecerlas por haber tenido contacto con eventuales fuentes de infección. Sin embargo, una lectura mínimamente esmerada del texto nos obliga a una reflexión algo más profunda que la referida a una simple cuestión de higiene.
 
     El primer excluido del campamento es el leproso, el Tsarua. Hoy en día, muchos médicos piensan que la lepra no es realmente contagiosa y que el aislamiento preconizado en Bamidbar provenía de una creencia errónea fruto del aspecto repulsivo que la enfermedad imprime a la piel. Yendo por este camino no se llega muy lejos, porque afirma que el Eterno (¡quiera Él perdonarnos la osadía de semejante mención!) Se equivoca, no tiene ningún sentido,  y si el mandamiento de alejar al leproso es asunto de estética, sería lógico suponer que la falta de compasión por el desgraciado se extenderá a todos los feos o discapacitados. Pero no es así.
 
     Entonces ¿qué le pasa al leproso? Lo entendemos si recordamos que su enfermedad es considerada en la Torah como consecuencia del "lashón hará", es decir, la mala lengua. La contrajo una de las grandes heroínas de la Torah, la propia Miriam, hermana de Moshé, precisamente por haber hablado mal de él. Fue expulsada del campamento durante 7 días por orden expresa de Haqadosh Baruj Hu y curada por la fervorosa súplica de su hermano.
 
     Todos sabemos que la mala lengua es fruto de la envidia, abierta o encubierta, pero de la envidia: "¿Qué tendrá éste o ésta que no tenga yo?" Pues, para empezar, la nobleza del alma porque, y esto es fácil de comprobar, el envidioso nunca envidia a un ejemplar de bajeza y abyección. A éste le tiene miedo, piensa: "¡Quita, quita, no vale más que yo, pero igual tiene más medios y me perjudica!" El envidioso con su mala lengua intenta destruir la santidad en su prójimo. Es mejor apartarle de la colectividad.
 
     Por si alguien conservara alguna duda sobre la posible relación entre la lepra y la mala lengua, le ruego que antes de encasillarse en una opinión que le parezca indiscutiblemente racional, recuerde una expresión del sentido común, de la intuición, digamos de la sabiduría colectiva, una expresión muy extendida: "A éste, o a ésta, le roe la envidia".
 
     La marginación del leproso, se debe pues a razones de orden moral y espiritual.
 
     No podemos, en el marco de este brevísimo comentario, explayarnos sobre las razones que presiden a la marginación de la persona que padece flujo, me limitaré a sugerir que, probablemente el flujo esté ligado a los malos pensamientos, a una especie de perversidad del intelecto, peligrosa para la armonía colectiva porque, inevitablemente, teñirá las relaciones interpersonales de cierta cínica doblez.
 
     En cuanto a la persona que acaba de tener trato con la muerte, ya lo sabemos, ha estado en contacto con la mismísima impureza, el resultado del pecado, el recordatorio de la terrible veda: "¡Que no coman del árbol de la vida!". El contacto con la muerte es el retorno al momento del pecado, a la causa del exilio. Quien ha estado cerca de un muerto, se le exilia temporalmente.
 
     Nos toca ahora dedicar nuestra atención a un precepto singular y que, naturalmente, ha sido y es objeto de multitud de comentarios, algunos muy sorprendentes, por no decir delirantes. Se trata de la ordalía consistente en obligar a ingerir aguas amargas a la mujer cuyo esposo es presa de celos incontenibles. Nos dice el texto que el celoso deberá recurrir al siguiente procedimiento: llevar a la sospechosa a la presencia del sacerdote, con una ofrenda vegetal sin aceite ni incienso, (porque es recordatorio de iniquidad). El sacerdote exigirá juramento a la mujer de que ella es inocente del adulterio que le imputan, caso de que ella no se confiese culpable. Hay aquí un detalle muy conmovedor: el sacerdote debe deshacer las trenzas de mujer, es decir que ella, en este momento, debe comparecer ante el sacerdote, ante su marido y, por supuesto, ante el Eterno, sin ningún artificio, ni siquiera el del peinado. Debe comparecer en toda su sencillez, en toda su autenticidad. Despeinarle el cabello es símbolo de desnudez.
 
     Pues bien, el sacerdote toma juramento a la mujer, advirtiéndola que el perjurio será origen de maldición. La mujer aceptará el desafío diciendo "Amen, Amen". Luego, después de proceder al rito de la ofrenda vegetal, se darán de beber a la mujer las aguas amargas, cuya composición ignoramos. Si ella es culpable, se pondrá gravemente enferma de inmediato y si es inocente, se quedará con el mal trago sin que su salud se resienta en lo más mínimo. El celoso, por su parte, tendrá que cerrar la boca.
   
  ¿Qué contenían las aguas amargas? Hay quien piensa que sólo contenían sustancias absolutamente inocuas pero con un sabor asqueroso. Todo era cuestión de psiquismo: la mujer que se sabía culpable y había jurado en falso no soportaba la prueba, convencida que estaba de que el horrible sabor de las aguas se debía a una sustancia misteriosa que ponía de manifiesto su culpabilidad. Puede que alguna hormona activada por la tensión interna que suele crear la utilización de la mentira influyera en el rechazo a la repelente libación. Algunos biólogos, así lo piensan… al fin y al cabo, en nuestra época se utiliza la máquina de la verdad que viene a tener una función parecida a la de las aguas amargas. El caso es que la Torah que siempre indica con suma precisión la composición de las sustancias, aquí no dice nada y esto es muy insólito.
 
     La mujer inocente no sufría semejante angustia, iba esperanzada a la prueba, pensando que su marido ya la dejaría en paz con sus obsesiones y salía bien parada.
 
     También salía bien parada la colectividad, porque la ordalía era disuasoria, es evidente, y no sólo era disuasoria para la mujer, también lo era para el celoso que podía verse abocado al remordimiento, además de aguantar cierto resquemor por parte de su esposa y de verse sometido al ridículo. Es fácil imaginar la reacción de la familia política y de los vecinos.
 
     Hay quien dice que la prueba de las aguas amargas nunca se practicó en Israel. Es posible, yo creo no haber estado allí para verlo, pero en cualquier caso, el hecho de que tal precepto venga estipulado en la Torah no está desprovisto de significado, muy al contrario. Nos enseña cómo, en un caso extremo, se pueden resolver situaciones aparentemente inextricables y susceptibles de crear conflictos muy graves, incluso tragedias, en la institución más sagrada de todas, la institución fundamental que es la familia.
 
     A continuación vienen los preceptos referidos a la persona que se aparta voluntariamente de la suerte común haciendo voto de nazireo, o sea, privándose de determinados placeres y comodidades para aumentar su dedicación a la santidad. El lugar que ocupa este precepto, después de la bajada a los infiernos que el lector acaba de protagonizar, nos demuestra que el movimiento de balanceo propio de la Creación ya nos aproxima de nuevo al polo positivo donde todo es alegría.
 
     La descripción de los ritos y ofrendas que acompañan el desarrollo del nazireato nos recuerda que la relación con el Eterno debe obedecer siempre a las reglas que Él fija para no resquebrajar, aun sin proponérselo y con la mejor intención del mundo, la armonía de la Creación.
 
     A esta necesidad imperativa de mantener la armonía universal responde el espléndido párrafo que clausura el capítulo 6. Es el enunciado de la Bircat Hacohanim, la Bendición de los sacerdotes. Son seis versículos en los cuales Hashem ordena a Moshé que enseñe a los cohanim a bendecir al pueblo. Los cohanim no son sino el conducto de la bendición, no son su origen. La bendición la concede el Eterno por boca de ellos y ésta es la razón por la que cada palabra, cada letra viene estipulada. Son sesenta letras, que ulteriormente serán simbolizadas por los sesenta guiborím (próceres) que, en el Cantar de los Cantares rodean la litera del rey Salomón. Sesenta letras que conforman 15 palabras, tres para la primera bendición, cinco para la segunda y siete para la tercera. La bendición sacerdotal va, pues, en aumento y termina con la palabra "shalom" que es la máxima expresión de la felicidad y contiene la palabra "shem" (Nombre) lo cual viene resaltado en el versículo siguiente que reza: "Así, ellos pondrán Mi Nombre sobre los hijos de Israel y Yo les bendeciré". Esta última expresión: "Yo les bendeciré" siempre ha llamado poderosamente la atención de los estudiosos porque al decir "les" el Eterno señala que los Cohanim no son sólo transmisores sino también receptores de la Bendición. ¡Baruj Hashem!