12 julio 2006

parashah: Parashát Pinjás, por Rav Daniel Oppenheimer - Cuando se repite la mentira

Parashát Pinjás, por Rav Daniel Oppenheimer - Cuando se repite la mentira
de EduPlanet Rectorate (daniEl I. Ginerman) - Wednesday, 12 de July de 2006, 01:32
 Parashát Pinjás
CUANDO SE REPITE LA MENTIRA


por Rav Daniel Oppenheimer

No debería estar escribiendo sobre este tema. No obstante, y dada la repetida publicación en los medios de artículos que intentan “demostrar” la falta de autenticidad Di-vina de nuestra Torá, creo necesario y útil traer a la luz este texto a fin de proteger a aquellos ingenuos que al oír la palabra “profesor” o “universidad” creen que están tratando con algún erudito que sabe de qué está hablando.
 
Bajo distintos títulos, encontré en los diarios traducciones del exterior que hablan de nuevas “polémicas” interpretaciones y de nuevas biblias “revolucionarias” (como si hubiesen “descubierto la pólvora”). El común denominador de estos textos, es que en todos se cuestiona la validez de los eventos que se describen en la Torá, los cuales – según los autores – no coinciden con sus propias presunciones de la historia y de los descubrimientos arqueológicos que ellos alegan corresponder a las épocas comprendidas por la Torá. Asimismo, en los EEUU, se acaba de publicar “una Torá nueva” bajo el nombre “Etz Jaim” (¡qué ironía!) que sigue esta misma vía de impugnación a lo aceptado tradicionalmente de modo universal.
 
Ante todo, quiero que esté bien establecido que no estamos hablando de nada menos que uno de los principios elementales sobre el cual se apoya todo nuestro credo. Este es el punto fundamental: que nuestra Torá es íntegramente de origen Di-vino, uno de los trece principios codificados por Maimónides - es esencial para aceptar la validez de nuestra existencia como judíos.
 
Para quienes no conocen la historia reciente del pueblo judío, les será útil saber que este alegato no es nuevo. La premisa de la Di-vinidad y Autoría Única de la Torá, fue desafiada – en su versión moderna - durante el siglo XIX por alemanes protestantes. Primero Wilhelm de Wette, Eduard Reuss, Karl Graf y, el más conocido: Julius Wellhausen. Sobre sus teorías se creó la denominada “critica bíblica” que intenta cuestionar el fundamento del que estamos hablando. Asimismo, ya existieron en épocas anteriores otros que les precedieron. La inmensa mayoría de ellos eran no-judíos, pero se sumó a ellos Benedict (Baruj) Spinoza, quien fuera puesto en Jerem (excomulgado) por los Rabanim holandeses de la época.
La motivación detrás de los pronunciamientos de estos “estudiosos liberales” tenía por cierto un tinte anti-judío y antisemita. Esto no escapó al resto de las tantas maneras en que los gentiles intentaron menospreciar y descalificar al judaísmo.
 
La postura judía tradicional fue y es clara: el rechazo total . Uno de los grandes Sabios del comienzo del siglo pasado que se ocuparon de responder y demostrar la mentira y el error en cada uno de los puntos expuestos, fue el Rav David Tzvi Hoffmann sz”l – director del Seminario Rabínico de Berlin. Sistemáticamente refutó todas las supuestas pruebas ofrecidas.
 
Sin embargo, en varias oportunidades me encontré con muchachos que habían escuchado balbucear a algunos de estos “profesores” que se adjudican tales “conocimientos” (lamentablemente el auto-odio de algunos judíos es tal, que engañan con falacias en sus “seminarios rabínicos” a jóvenes ignorantes que ni siquiera saben leer correctamente un versículo en hebreo) y les consulté acerca de si tales profesores habían completado el estudio del Talmud, o aunque sea un solo tratado del Talmud - desde su comienzo hasta el final, aunque sea una sola hoja de Talmud – para ser quién para opinar. Obviamente que no estudiaron ni saben de Torá desde sus fuentes – salvo su propia fecunda retórica – que transmiten como si fuera una “verdad revelada” y utilizan para confundir.
Ud. se preguntará: ¿porque poner mayor énfasis en las conjeturas de la crítica bíblica creada y diseminada por protestantes, que en nuestra versión tradicional? ¿Por qué preferirían ellos enarbolar la bandera de los antisemitas por encima de la creencia de sus abuelos y la enseñanza de los Sabios de todas las épocas?
 
Escuchemos la siguiente historia:
El Rav Jaim de Volozhin sz”l, Rosh Ieshivá de aquella ciudad a comienzos del siglo XIX, tuvo un alumno que dejó de observar la Torá, se permitió influenciar por las tendencias de moda de la época, y viajó a Alemania para estudiar en los seminarios que estaban en boga en aquel momento. De regreso a la ciudad natal, fue a visitar a su antiguo maestro. El Rosh Ieshivá lo vio cambiado y le preguntó el motivo. El alumno preparado para este desafío, retrucó a su maestro con una serie de preguntas sobre el judaísmo tradicional. Después de terminar su lista de cuestionamientos, R. Jaim le inquirió: “Qué ocurrió primero: tu cambio de conducta – o estas preguntas que me acabas de formular?” El alumno respondió que su cambio de conducta había precedido, a lo cual R. Jaim dictaminó: “Pues entonces no tienes preguntas sino pretextos!” (en Ivrit: “im ken en lejá she’eilot, ki im terutzim”).
El motivo que más empuja a estos “seminaristas” a seguir en la difusión de este material es la simple razón que una Torá sin Di-vinidad absoluta les “permite” manipular como más les convenga.
 
Uno de los errores más corrientes de los historiadores, lo constituye el intento de entender los eventos históricos extrapolando los parámetros de la política actual a la que ellos pertenecen. Así también pretenden interpretar la historia judía sugiriendo que los dirigentes judíos crearon el marco histórico apropiado para obligar al pueblo a obedecer una serie de leyes que son las que están en la Torá. En breve: La Torá – alegan - se creó por la conveniencia de así poner imponer las ideas de unos pocos, al igual que – frecuentemente - la legislación de este siglo.
 
Obviamente que el error es evidente: La gente del pasado “no masticaba vidrio”. ¡¿Acaso aceptarían con tanta facilidad la versión de que debían obedecer una ley tan compleja, minuciosa en el detalle y exigente en sus castigos como lo es la Torá, si no creyeran firmemente en la veracidad de la historia que la fundamenta?! Aceptaríamos, acaso, que todos estos nuevos deberes les hayan sido transmitidos a sus abuelos de modo tan dramático, como relata la Torá la Revelación de Sinaí – y que sus padres recuerden haberlo recibido de sus padres?
 
Una de los “pilares” sobre los cuales se basa la “nueva” hipótesis, sería la falta de evidencia de los sucesos contados en la Torá. (P.ej.: no se encontraron los envases descartables del Man que comieron nuestros abuelos en el desierto...)
Cuentan que en cierta oportunidad dos personas discutían sobre el pasado glorioso de su país. Uno de ellos mostró unos piolines que descubrió bajo la tierra y quiso demostrar con eso que sus antepasados habían conocido el telégrafo. Su contendiente le replicó con tono de superioridad: “En mi país no encontré nada – eso demuestra que se usaba telefonía inalámbrica...”
¿Qué queremos significar con esto?
Pues que independientemente a que efectivamente existen pruebas arqueológicas que corroboran la versión tradicional de la Torá, esta no requiere apoyo. No obstante, la postura misma de medir la autenticidad de la Torá con parámetros ajenos, demuestra – de parte de quienes así lo hacen – un disposición de ver con superioridad todo lo que sea foráneo por sobre lo propio. ¿Por qué debería tener más fuerza la supuesta existencia de pruebas arqueológicas por sobre el firme testimonio de padres a hijos transmitido por milenios en miles de hogares?
 
Un ministro de propaganda - enemigo contemporáneo de los judíos, decía que “si se repite una mentira suficientes veces, la gente la terminará aceptando como si fuera verdad”.
No me cabe la menor duda, que – del mismo modo en que todas las ideas foráneas al judaísmo cayeron con el tiempo por sí solas – estas conjeturas se perderán en el tiempo y nadie se acordará de ellas. No obstante, en el interín, el engaño ocasiona víctimas enviar muchos inocentes que por desconocimiento de sus propias fuentes caen en esta perfidia.
 
Los judíos somos un pueblo que, entre tantas cosas recibió la enseñanza de sus padres de cuestionar para poder aprender más. Quien participó de una clase de Talmud, podrá confirmar lo que estoy diciendo. Pero somos también un pueblo que – una vez que encontró la verdad – está dispuesto a dar su vida por sus convicciones. Lo que acabamos de volver a afirmar respecto al carácter Di-vino de la Torá, no es simplemente una polémica intelectual. Es la base de todo. Es lo que da autenticidad a nuestro judaísmo. Es lo que nos convierte en pretendientes genuinos sobre la tierra de Israel.
No estamos dispuestos a que tomen la convicción heredada y la desechen por “incómoda”.
 

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