04 noviembre 2005

parashah: Parashát Nóaj, por Pynchas Brener: El arco iris

Parashát Nóaj, por Pynchas Brener: El arco iris
de EduPlanet Rectorate (daniEl I. Ginerman) - Thursday, 3 de November de 2005, 20:27
 
Nóaj - El arco iris
por Rav Pynchas Brener
05/11/2005
 
Contenido
Nóaj representa una segunda oportunidad para el ser humano. Después de diez generaciones, a partir de la época de Adam y Javá, Dios decide destruir la Humanidad, empezar de nuevo y poblar la tierra con la simiente de Nóaj. Esta decisión se debió al comportamiento inmoral del hombre que violó las leyes que el primer hombre había recibido. De acuerdo con la tradición judía, Dios le había encomendado seis normas básicas de conducta a la Humanidad a través de Adam, pero su descendencia se apartó rápidamente del cumplimiento de las mismas. El libertinaje se impuso, fueron violadas las leyes fundamentales contra el incesto y se irrespetó la propiedad ajena.
Dios seleccionó a Nóaj porque no se había contagiado del comportamiento de sus contemporáneos y demostró que era posible atenerse a una conducta diferente y ser fiel a la enseñanza de sus ancestros. Aunque la Torá califica a Nóaj como un “Ish Tsadik”, “un hombre justo”, algunos expositores consideran que esa apelación es relativa. Era justo cuando se le comparaba con sus congéneres de la época, pero de haber vivido en la generación del patriarca Abraham, no hubiera recibido el mismo reconocimiento.
Dios decidió eliminar la Humanidad a través de un diluvio. Llovería sostenidamente durante muchísimos días, e incluso brotarían las aguas desde el interior del globo. La superficie de la tierra quedaría inundada y solamente los peces sobrevivirían el desastre. Para asegurar la continuidad del ser humano y del mundo animal, Dios le ordenó a Nóaj que construyese un arca de dimensiones considerables para albergar allí una pareja de cada especie, con lo que se podría poblar nuevamente la tierra. De algunos animales logró reunir siete parejas.
La Torá especifica las dimensiones del arca, que era aproximadamente de unos ciento ochenta metros de largo, treinta metros de ancho y dieciocho metros de alto. Una embarcación enorme para la época. No obstante, Rambán cuestiona estas dimensiones y sugiere que eran totalmente inadecuadas para dar albergue a ejemplares de cada uno de los animales y aves. Especialmente cuando se considera que también era necesario cargar suficientes alimentos para un año, las dimensiones del arca resultan insuficientes. ¿Qué hizo Nóaj para incluir ejemplares de cada una de las especies? Según Rambán, todo se debió a un milagro. Maravillosamente, el arca pudo incluir todos estos animales.
Rambán continúa planteando: si era necesario un milagro, ¿para qué se construyó una nave tan grande? Cualquier lancha habría sido suficiente, ya que todo dependía de un evento sobrenatural. Responde Rambán que las dimensiones del arca tenían el propósito de atraer la curiosidad de la gente que constantemente indagaba por qué se estaba construyendo. De esa manera, Nóaj podría prevenir a todos sobre el propósito Divino de destruir el mundo, a menos que los hombres y las mujeres alterasen su conducta inmoral. De acuerdo con el Midrash, Nóaj tardó ciento veinte años en la construcción, tiempo suficiente para que cada ser humano pueda percatarse del peligro que acechaba por el incumplimiento de las leyes que Adam había recibido.
El diluvio ocurrió porque la Humanidad no respondió a las advertencias de Nóaj. Rambán cuestiona: ¿por qué fue así? ¿Por qué no respondió la gente a las exhortaciones de este Tsadik? Rambán sugiere que la actitud de la gente fue consecuencia de la falta de convencimiento de Nóaj. De acuerdo con Rambán, Nóaj no creía que la gente reaccionaría a sus advertencias; por lo tanto, su planteamiento no fue efectivo. De antemano pensó que sus intentos eran vanos. La falta de confianza de Nóaj en la posibilidad de Teshuvá, su noción fatalista acerca de la imposibilidad de cambio en el comportamiento humano, fue un factor que condujo al desastre.
De acuerdo con una interpretación de Rabí Meir Shapira, fundador de la Yeshivá Jajmei Lublin, el arco iris que apareció en los cielos después del diluvio como señal —un B’rit— de que Dios nunca repetiría un diluvio para exterminar a la Humanidad, era también un mensaje dirigido a Nóaj. El arco iris aparece muchas veces después de una tormenta, cuando las nubes se interponen entre el sol y la superficie de la tierra y desatan su furia a través de truenos y relámpagos. El arco iris es una demostración de que, incluso en los momentos de mayor oscuridad diurna, existe la posibilidad de que los rayos del sol penetren las nubes para que el cielo se vea iluminado y a todo color. El arco iris fue una señal para Nóaj y su descendencia. Tal como la naturaleza puede cambiar de la oscuridad a la luz, no se debe menospreciar la capacidad del ser humano para regenerarse, para enrumbarse en un proceso de Teshuvá, para el retorno a las raíces éticas que el judaísmo predica. La luz del estudio y la espiritualidad puede penetrar y eliminar los nubarrones de intolerancia y agresividad, resultado de la ignorancia y la adulteración de los valores.

parashah: Parashát Nóaj, por Gal Einai: Del arcoiris de Nóaj al prisma de Newton

Parashát Nóaj, por Gal Einai: Del arcoiris de Nóaj al prisma de Newton
de EduPlanet Rectorate (daniEl I. Ginerman) - Thursday, 3 de November de 2005, 20:20
 

Del arcoiris de Nóaj al Prisma de Newton

Noaj y Newton

Extraido del libro del rabino Ginsburgh de proxima publicacion:Cabala y Meditacion para los Pueblos del Mundo; traducción: Rav Jaim Mates Frim

En la porcion de la Tora que relata el establecimiento del pacto entre Di-s y Noaj (y todas las generaciones posteriores) por medio del arco iris, la palabra "pacto", brit, esta repetida 7 veces. Las siete apariciones de esta palabra aluden a los siete colores del arco iris estudiado y documentado por Isaac Newton y a los siete mandamientos Noajicos. Los siete colores y dichos siete mandamientos corresponden a las siete sefirot inferiores de acuerdo al siguiente esquema

 

Partzuf de los Colores del Arco Iris y los Mandamientos Noajicos

 

rigor גבורה

 

bondad חסד

ROJO

 

AZUL

Prohibicion de asesinar

 

Prohibicion del  adulterio

 

 

 

 

Belleza תפארת

 

 

AMARILLOׁ

 

 

Prohibicion de robar

 

 

 

 

Agradecimiento הוד

 

Victoria  נצח

NARANJA

 

VIOLETA

Prohibicion contra la blasfemia

 

Prohibicion contra la idolatria

 

 

 

 

Fundamento יסוד

 

 

VERDE

 

Prohibicion de comer carne de un animal vivo

 

 

 

 

Maljut מלכות

 

 

INDIGO

 

Orden de establecer un sistema legal justo

 

En hebreo, la suma de los v. n. (valores numericos) de Noaj (nun-jet = 58) y Newton (nun-iud-vav-tet-vav-nun = 131) suman 189, que es igual a 7 x 33.

El 7 corresponde a los siete pactos, respecto a Noaj, a los siete colores del arco iris, respecto a Newton y a los siete mandamientos Noajicos –siete mandamientos universales de la Tora entregados a los justos gentiles.

Estos tres "sietes" estan entonces completamente interincluidos por el 3 elevado a la potencia de 3.

La diferencia entre Newton y Noaj es 73, el v. n. de "sabiduria", jojma. Por otra parte el nombre de Newton equivale al valor del apelativo usado generalmente para el Angel de la Muerte, llamado samej-mem (samel).

Cuando se le agrega 6 veces 73 a Noaj (6 x 73 = 438, el valor de "la Casa de Di-s, Beit Havaia) el resultado es 496, el v. n. de "reinado", maljut. Cuando 73 es agregado 11 veces, el resultado es 861, el v. n. del Templo Sagrado, Beit Hamikdash, el principal interes mistico de Isaac Newton y la inspiracion para gran parte de su trabajo cientifico, y como esta explicado en el Zohar, el Arca de Noe simboliza espiritualmente al Templo Sagrado.

Ademas, en hebreo, el v. n. de "el arca de Noe", teibat Noaj, es 860, que con el kolel (el unificador en cabala) tambien es igual a Beit HaMikdash.


parashah: Parashát Noaj, por Gal Einai: El Arca de Noé y el Don del Habla Cósmica

Parashát Noaj, por Gal Einai: El Arca de Noé y el Don del Habla Cósmica
de EduPlanet Rectorate (daniEl I. Ginerman) - Thursday, 3 de November de 2005, 20:12
 

La Perasha de la Semana
Noaj
ElArca de Noe y el Don del Habla Cósmica

por Rav Jaim Mates Frim a partir de las enseñanzas de Rav Itzjak Ginsburgh shlit"a

El don de la palabra es mucho mas que un medio de comunicacion, es el talento que Di-s nos regalo para poder expandirnos y llegar al medio ambiente que nos rodea y en definitiva a toda la creación, para incorporarlo en nuestra conciencia y crear algo nuevo. En esta audio lectura, rabí Ginsburgh explica de qué manera el arca microcósmica de Noé se compara con la palabra oral microcósmica, esbozando una posibilidad de utilizar las palabras que articulamos para conectarnos con el cosmos y crear una nueva realidad.

Ingresando al mundo

El arca de Noé, llamada teivá en hebreo, encerraba un microcosmos de la creación. Aparte de "arca", teivá también significa "palabra". En una de sus enseñanzas más generales, el Baal Shem Tov explica que la orden que le dió de Di-s a Noé de "entrar al arca" es también una instrucción para toda la humanidad de entrar a la "palabra".

Cada palabra que pensamos y decimos debe ser sagrada, tanto si son palabra de Torá, de rezo e incluso palabras aparentemente mundanas dichas para crear una unión con otra alma. La conciencia universal de toda la creación, la humanidad y todo el reino animal debe penetrar cada palabra que articulamos.

¿Como Expresamos con Palabras la Conciencia Cósmica?

Cada criatura entona su propio canto especial a Di-s, como está detallado en el Midrash llamado Perek Shira. Todo lo que existe en la creación tiene su origen en el alma del Pueblo Judío. Cuando cantamos la canción correspondiente a cada criatura sobre la tierra, estamos incorporando esta conciencia cósmica en nuestro habla.

Las Dimensiones del Arca

Para comprender más profundamente cómo "ingresar" a nuestras palabras, analizaremos las dimensiones del arca de Noé. La Torá describe que el arca tiene 300 codos de largo, 50 de ancho y 30 de alto. En la cabalá y otros textos tradicionales aprendemos que cada una de estas dimensiones puede ser analizada de acuerdo a su letra hebrea correspondiente.

El largo del arca, 300 codos, corresponde a la letra shin.

El ancho del arca, 50 codos, corresponde a la letra nun.

El alto del arca, 30 codos, corresponde a la letra lamed.

La primera conexión obvia entre estas dimensiones y la palabra hablada es que shin-nun-lamed es la raíz de la palabra lashón, que significa "lengua" o "lenguaje". El secreto del arca de Noé es el del lenguaje rectificado.

La Shin Apasionada

Ahora analizaremos cada componente de las dimensiones del arca, para que podamos entender a fondo el proceso por el cual podemos ingresar a nuestras palabras.

El Sefer Ietzirá, el primer texto clásico de la cabalá, explica que cada letra hebrea posee su significado físico y espiritual. La shin, una de las tres "letras madre", representa el elemento fuego, que espiritualmente representa la pasión. Cuando decidimos hablar lo hacemos por varias razones: el deseo de expresarnos, por deseos de ganar o para decir palabras buenas de Torá, argumentos que deben estar motivados por la pasión.

En Salmos 39:4 escribe el rey David:

Mi corazón arde dentro de mí,
al meditar mi fuego interior comienza a arder
entonces hablo con mi lengua

Este versículo expresa sucintamente el proceso por el cual la pasión motiva el habla. Primero el corazón se inflama de pasión, las palabras del pensamiento crean un fuego interior (los jasidim de la era talmúdica solían meditar una hora completa antes de pronunciar las palabras de la plegaria) y finalmente la lengua expresa palabras apasionadas.

La pasión, la capacidad de arder para ir "directo al grano", es el principio largura de la palabra.

La Nun Sensitiva

Las palabras encendidas a veces pueden tener un efecto destructivo. Entonces, la siguiente dimensión del arca de Noé y del habla rectificada es 50, la letra nun. El Sefer Ietzirá explica que la nun es una de las "letras elementales", que corresponde al mes de Jeshvan, a la tribu de Menashé y el sentido del olfato. Espiritualmente, este sentido es la sensibilidad hacia los demás. Este es el sentido del Mashíaj, la sensibilidad que penetra incluso en el inconciente del alma del otro y en definitiva lo une a él.

En el habla, la sensibilidad de la nun tiene un efecto moderador sobre la pasión de la shin, dirigiendo la llama de la pasión hacia la compasión. Es nuestra habilidad de sentir las necesidades de los demás y de articular palabras de plegaria para ellos (esto también se aplica a las oraciones que se ora para uno mismo). La sensibilidad de la nun debe hacernos concientes de que nuestras dificultades personales son simplemente un reflejo de los sufrimientos generales de todo Israel y en definitiva de Di-s, cuya Presencia Divina esta en exilio junto con Israel.

Si la persona es suficientemente sensitiva, puede afectar la realidad no sólo mediante la plegaria sino también a través de las palabras de la Torá que pronuncia, como está ejemplificado por rabí Shimón bar Iojai, quien podía traer la lluvia mediante sus palabras de Torá.

La sensibilidad, la habilidad de comprender la conciencia del prójimo el principio anchura de la palabra.

 

La Lamed Unificadora

Profundizar en la conciencia del otro apasionadamente puede resultar algo invasivo, si no está atemperado por la lamed. El Sefer Ietzirá enseña que la lamed, también una "letra elemental", corresponde al mes de Tishrei, la tribu de Efraim y el sentido del tacto o procreación. El sentido del tacto es la capacidad de tocar una realidad determinada, unirse a ella y crear algo nuevo, ex nihilo, a través de esa unión.

Lamed es la dimensión de la altura del arca de Noé y de la palabra. Al girar, la dimensión de la altura se transforma en la dimensión de la profundidad. La altura, o clímax de la experiencia de ingresar completamente en la palabra es también su profundidad. Es la experiencia de nuestra palabra apasionada conectándose con el cosmos entero y unificándose con el conocimiento de que esta unión creará un alma o una realidad nueva.

Cuando hablamos apercibidos de que cada una de nuestras palabras puede crear una nueva realidad, esas palabras combinadas crearán por cierto una nueva realidad Mesiánica.

Las Dimensiones del Arca y de la Palabra

Letra

Dimensión

Elemento o Sentido

Expresión Espiritual

Expresión en la Realidad

Shin = 300

Largo

Fuego

Pasión

Habilidad de expresar pensamientos/emociones con palabras apasionadas

Nun = 50

Ancho

Olfato

Sensibilidad

Habilidad de conectarse con los demás

Lamed = 30

Altura/profundidad

Tacto

Unificación

Habilidad de crear una nueva realidad


Kolót: Al cineasta que criticó el islam

Al cineasta que criticó el islam
de EduPlanet Rectorate (daniEl I. Ginerman) - Thursday, 3 de November de 2005, 12:00
 

Al cineasta que criticó el islam

THEO VAN GOGH FUE asesinado hoy hace un año en Amsterdam por su convicción de que la palabra libre es uno de los más grandes bienes  

AYAAN HIRSI ALI por Ayaan HIRSI ALI, diputada en el Parlamento holandés por el Partido Liberal y guionista de ´Sumisión´, la película de Theo van Gogh
Traducción: Natalia Fernández Díaz

Diario La vanguardia de España - 02/11/2005



Querido Theo: Te mataron una fría mañana de noviembre. Una semana más tarde te incineraron y yo no estaba allí. Me hubiera gustado mucho haber podido estar presente. Quería hablarte. Te quería decir que habías sido un temerario. Que con tus planteamientos heriste y agraviaste a personas. Que recababas placer desafiando a tus seres queridos y ofendiendo a tus enemigos. Conocías las consecuencias: las redacciones rechazaban a menudo tus trabajos, la gente te ha insultado a su vez e incluso un individuo te llevó a juicio. Pero una cosa era segura: antes de la llegada del islam a Holanda era impensable que alguien en este país te hubiera matado por tus palabras.

Aquel noviembre me hubiera gustado decirles a los presentes que tú intuías muy bien la amenaza del islam.

No tanto para ti mismo como para Holanda. Te has resistido con todas tus fuerzas al férreo círculo de la corrección política que se ha tejido en Holanda. En verdad temías que aquel enfoque pusilánime precisamente impulsara la violencia. Y de manera cruel, tenías razón.

Hubiera querido decir que tu película Sumisión no había surgido del afán provocador, aunque ese deseo te acompañara también con cierta frecuencia. En este caso tus motivaciones eran diferentes. Hiciste la película para visibilizar el sufrimiento de las mujeres musulmanas. Y has puesto tu talento de director al servicio de esas mujeres. Tus seres queridos te mostraron los posibles riesgos. Pero mantuviste un punto fundamental. Y ése era tu convencimiento de que la libertad de expresión es uno de los más grandes bienes. Dijiste: "Mejor asesinado que asfixiado por la mordaza". Quién hubiera pensado que por ello acabarías encontrando la muerte de verdad.

Esta tarde, un año después de tu muerte, estoy presente pero no voy a hablar. Mi presencia en tu conmemoración ya es bastante inquietante para las relaciones entre musulmanes y no musulmanes. Quién sabe lo que mis palabras podrían llegar a provocar.

El año pasado se comentó mucho acerca de ti y de tu asesinato. Ha sido noticia mundial. Las reacciones en los medios de comunicación no diferían gran cosa de las que generaron los atentados del 11-S en Nueva York y Washington. Muchos condenaban tu muerte en sí, como los atentados de entonces, sin embargo añadían tras la frase de repulsa un pero y mostraban a renglón seguido comprensión hacia las motivaciones de tu asesino.

1. En primer lugar, la psicología de pacotilla. Se dijo de su madre que había muerto y que eso lo había desquiciado. Como si fuera aceptable acudir a tales métodos para procesar la pérdida de su madre.

2. Luego, el complejo de pobreza. Según aquellos que la padecen, tu asesino es un muchacho pobre, sin perspectivas de futuro. Es lógico, pues, que haya caído en las garras de los yihadistas.

3. A continuación la tesis de "si hubiera...". Si Van Gogh hubiera prestado más atención a sus propias palabras estaría vivo.

4. Curiosamente arraigó con fuerza la idea de que tu asesino era un individuo perturbado y que nada tenía que ver con el islam. Pertenece a un grupo capitalino formado por unos 50 o 100 varones jóvenes que eran objeto de vigilancia permanente.

En la opinión pública, sobre todo entre políticos y mandatarios, ha surgido una dificultad. Los hay que sostienen que la acción de Mohamed Bouyeri está intrínsicamente vinculada al islam, y que las relaciones entre musulmanes y no musulmanes sólo podrán mejorar cuando en el islam tenga lugar una reforma. Y hay asimismo quien persevera en la idea de que el islam es una religión pacifista aprisionada por algunos extremistas.

El último día de su procesamiento, tu asesino añadió una carga extra a esta discusión. Como es habitual en nuestro sistema judicial el acusado tiene la última palabra. Se dirigió a tu querida madre y le dijo: "No hay más dios que Alá y Mahoma es su profeta". Y además: "Le diré con toda sinceridad que no solidarizo con su sufrimiento. No siento su dolor. No sé lo que significa perder un hijo. En gran medida, porque no soy mujer. Pero también porque no siento compasión. Porque pienso que es usted una infiel". Y además: "He actuado movido por la fe". Y además: "Y le puedo asegurar que si saliera en libertad volvería a hacer lo mismo... exactamente lo mismo. Porque la misma ley que me impulsa a cortar la cabeza a cualquiera que injurie a Alá o a su profeta es la que me obliga a no arraigarme en este país. O, en todo caso, no en un país donde la palabra libre, como la ha descrito el fiscal, se proclama públicamente".

Con esas frases terribles, Theo querido, dejó en ridículo tu asesino a todos cuantos pensaban que tu muerte nada tenía que ver con la religión islámica. Como contraste entre tu convicción de que la palabra libre es uno de los bienes altísimos y su convicción de que la labor sagrada de Alá y la de su profeta están siempre en primer lugar. Civilización frente a barbarie. Modernidad frente a premodernidad. Ciudadanía frente a tribus. Pensamiento crítico frente a absolutismo. El individuo libre frente a la tiranía colectiva.

Comparto con tu familia una tristeza honda porque tú ya no estás. Estoy triste porque un año más tarde compruebo que la misión sagrada de Alá y de su profeta cada vez recluta más soldados. La semana pasada, sin ir más lejos, el presidente de Irán aireó a los cuatro vientos su voluntad de proseguir con el programa nuclear y eliminar del mapa a Israel.

Ya lo ves, se sigue comparando tu convicción con la de tu asesino. La lucha entre la civilización y la barbarie. Tu asesino representa la barbarie. Y tus queridos padres son el ejemplo vivo de la civilización que sufre la amenaza de esa barbarie.

03 noviembre 2005

Kolót: LA VOZ DE UN CARNICERO Que pretende cultivar pepinos...pero solo con fines pacíficos...¡¡JA!!

LA VOZ DE UN CARNICERO Que pretende cultivar pepinos...pero solo con fines pacíficos...¡¡JA!!
de EduPlanet Rectorate (daniEl I. Ginerman) - Thursday, 3 de November de 2005, 02:44
 

LA VOZ DE UN CARNICERO

Que pretende cultivar pepinos...pero solo con fines

pacíficos...¡¡JA!!

 

 

Por Rafael T.Perez

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Ni Sharon, con todo lo que lo odian las cacatúas mollejudas de la izquierda europea, se ha atrevido nunca a tanto, a decir frente a miles de israelíes y para que todo el mundo pudiera oírlo que hay que borrar del mapa a los palestinos y mucho menos al mundo árabe, y tampoco se ha atrevido a decir nunca que el mundo será un lugar mejor cuando ya no haya países islámicos ni musulmanes.

De haberlo hecho, al día siguiente no habría habido en la Tierra un solo lugar seguro para los judíos...bueno en realidad sin declaraciones de esa clase tampoco existe un lugar seguro para los judíos en toda la Tierra, precisamente gracias a esas cacatúas mollejudas de la izquierda europea y a las cotorras que las preceden con explosivos entre sus negras plumas. De haberlo hecho, a Israel le habrían llovido condenas de todas partes, hasta de Venus, y sanciones y acusaciones por hacer apología del terrorismo y del exterminio y un pesado paquete de medidas severas que acabarían por asfixiar al pueblo judío en Israel. Ah pero no al iraní, a ese con un tironcillo de orejas en las llamadas a consultas de sus embajadores sobra y basta.

Mundo estúpido y cretino, si Sharon hubiera hecho un llamamiento al exterminio del pueblo árabe rápidamente se levantarían las voces de las cacatúas de la izquierda europea pidiendo que fuera juzgado por criminal y por genocida y por hacer llamamientos para destruir a otra nación y borrar a todo un pueblo del mapa. Pero sin duda esas cacatúas mantendrán el pico cerrado como si no hubieran oído nada de parte del iraní como no escuchan nada cuando esos mismos llamamientos se realizan desde las mezquitas, las librerías implicadas, la prensa y la tv por todas las naciones.

Así que la próxima vez que alguien llame carnicero a Ariel Sharon haré tres cosas, primero; le pediré que antes de hablar de este señor se lave la boca, segundo; lo remitiré a cualquiera de las miles de declaraciones diarias a las que nos tienen ya acostumbrados los miles de líderes islámicos en cualquiera de los países que habitan, sean estos afines a ellos o simplemente estén como ilegales camuflados en cualquiera de los estados europeos, y tercero; lo remitiré a las contundentes declaraciones del presidente iraní ahmadineyad que, sin lugar a dudas, no solo expresan lo que toda mente pensante ya tiene por cierto acerca de cuales sean, y son, las únicas y verdaderas intenciones del mundo islámico, sino que lo expresan de tal forma que debería producir escalofríos de muerte en toda conciencia europea especialmente, y en todo el mundo occidental, a la sazón el único mundo que tiene el derecho absoluto de verse a sí mismo como una civilización, porque lo otro no es otra cosa que la excrescencia protuberante y cancerosa de un estrato del pleistoceno que hace mucho tiempo debería haber evolucionado hacia mejores horizontes, especialmente intelectuales y en cualquier caso morales y humanistas.

Pero no, imposible pedirle peras al olmo pues al igual que los antiguos hombres cromagnon, estos devotos de Vulcano, continuamente exigen orgiásticos sacrificios  sangrientos en los que la muerte de otro semejante es lo único que calma la sed del dios, ay que la ilustrada Europa que derribó los altares del cristianismo para situar en ellos a la razón, se ve ahora impúdica incapaz de defender el pensamiento racional de los pútridos esputos de la irracionalidad. ¿Cometerá Europa una vez más el mismo error que le llevó a enterrar a cincuenta millones de seres humanos habiéndolo podido evitar a tiempo?...desgraciadamente ya ha tropezado en la misma piedra.

En la oscuridad de los tiempos la historia nos relata horrendos sacrificios en los que, a veces, aunque se tardaran días enteros eran masacrados cientos de seres humanos únicamente para satisfacer las animalizadas necesidades del divino e invisible ser ante el cual se prosternaban, ¿cómo era posible el engaño de las víctimas que caminaban, además, orgullosas hacia su propia muerte? el engaño fue posible porque sus mentes eran embotadas con la verborrea mentirosa del pagano sacerdote que les prometía idílicos lugares que nadie había visto jamás, y si se trataba de enemigos se les amenazaba, aun en sus últimos instantes, con los peores tormentos del infierno.

Quien realiza estas infames promesas cuya voz deposita en el aire el frío hálito de la muerte, estas declaraciones que incitan al exterminio ya no de un pueblo, el judío, sino también de otro pueblo el norteamericano, no se le debería consentir ni una palabra más, ni se le debería dejar ocupar un sillón en la congregación de las Naciones Unidas, como tampoco se le debería escuchar en tanto no se tragara su propio veneno y pidiera perdón por tales manifestaciones. Basta un loco que prenda un simple fósforo para que el fuego resultante derive en un incendio cuyas llamas devoren todo a su paso. Y frente a él estamos, la cordura frente a la locura, la razón frente a la irracionalidad, el propósito y los objetivos comunes frente al caos, el humanismo frente al odio, la reflexión frente al desvarío, el pensamiento intelectual frente a una mente perversa. No hay posibilidad de encuentro. La pretendida alianza de civilizaciones que tanto defiende el tarugo de ZP no es solo una quimera, no es siquiera la utopía de H.G. Wells, sino que es la quimera de los idiotas.

De acuerdo a una vieja tradición, popularizada luego en una afamada película que mereció varios galardones, el faraón de Egipto dio la siguiente orden a su ejército, el cual acosaba al pueblo judío que estaba atrapado entre ellos y el mar rojo : "Esta no es la orden de un faraón, sino la de un carnicero, extermínalos a todos". La voz del presidente de Irán ha sido pues la voz de un carnicero y no la de un hombre, no la de un ser humano pues borrar a Israel del mapa equivale a exterminar a todos los judíos que allí viven, borrar a los EE.UU del mapa equivale a la misma cosa, exterminar a todos los ciudadanos norteamericanos ¿y luego qué? Hitler no se conformó con Chequia, ni con Austria, ni con Polonia, la historia nos enseña que los carniceros y los tiranos nunca se conforman con menos que con todo, o tu Europa despiertas ahora, o tu Europa caerás como el ídolo del sueño de Nabucodonosor, a fin de cuentas tus pies también son de barro.

El odio es destructivo por confusión, por condición y por seducción, es tan inexorablemente destructivo que al final acaba destruyendo el propio origen del que surgió, se nutre de sí mismo y se revuelve siempre contra sí mismo porque el odio es el resultado de un cerebro enfermo, de una mente caótica, de una locura, y la locura empuja a quien la padece a estrellarse furibundo contra los molinos de viento que ha tomado por gigantes.

¿Quién duda ahora sobre las auténticas intenciones de Irán acerca de generar energía nuclear? ¿seguirá creyendo Europa que únicamente la desean para dedicarla a fines pacíficos? más tarde o más temprano el mundo islámico llegará a la siguiente conclusión, que mientras Israel tenga un occidente apoyando su existencia y supervivencia como pueblo histórico del planeta, con mayor o menor agrado desde luego y a la vista está, no habrá manera humana de destruirlo, así que la ecuación es sencilla de resolver, borrar a occidente del mapa, a ver donde encaja eso de borrar naciones enteras y a sus pueblos en la alianza de civilizaciones de ZP.

Y francamente, me importa un rábano lo que puedan opinar de lo escrito quienes hacen del odio a los judíos o a los norteamericanos su única motivación existencial, pues si los que hablan mal de mi supieran lo que yo pienso de ellos, entonces aún hablarían peor.

A quien es incapaz de comprender lo que significa la palabra -humanidad- no se le puede entregar siquiera el beneplácito de la duda pues de la misma forma que un cuerpo enfermo no puede esperar que el cáncer se avenga al diálogo y a la coexistencia junto a los demás órganos del cuerpo, a quienes solo percibe como futuros candidatos a desaparecer aplastados entre los tentáculos tumorales de cuya metástasis depende, la alianza de los órganos resultaría tan absurda como inútil en tanto ese cáncer se crea con el único con derecho a ser, a devorar, a destruir y finalmente a exterminar, y así pues; de la misma forma no puede un mundo enfermo pretender o asumir extirpar dos órganos sanos (EE.UU e Israel) y dejar el cáncer que representan las manifestaciones del presidente iraní intactos, porque al final una vez se haya completado el proceso metastásico el mundo ya más enfermo sucumbirá al mal que él mismo contribuyó a sostener y a permitir en su nefasta preeminencia sobre la razón y sobre los valores fundamentales sobre los cuales occidente descansa.

Rafael T.Perez

Zaragoza-España  27 de octubre  2005

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02 noviembre 2005

Kolót: "El documento del siglo" - una reflexión de Marcos Aguinis acerca del diálogo crisitano-judío, a partir de los 40 años de Nostra Aetate

"El documento del siglo" - una reflexión de Marcos Aguinis acerca del diálogo crisitano-judío, a partir de los 40 años de Nostra Aetate
de EduPlanet Rectorate (daniEl I. Ginerman) - Tuesday, 1 de November de 2005, 19:19
 
El documento del siglo
por Marcos Aguinis, publicado en el diario La Nación (Argentina)

Benedicto XVI, al día siguiente de asumir su pontificado,
 escribió al actual rabino de Roma, Riccardo di Segni, para
“reforzar la colaboración con los hijos y las hijas del pueblo judío”.
Cuando fue a Alemania, visitó la sinagoga de Colonia, que habían quemado los nazis.
 
Confieso no haber podido resistir la tentación de incluir en mi primera novela el asombro que me produjo dialogar casi a diario, en un restaurante estudiantil de Friburgo, Alemania, con los teólogos que preparaban los documentos de un acontecimiento que ya llamaban revolucionario. Se trataba del Concilio Vaticano II, que, en 1962, inauguraría el papa Juan XXIII.
 
Poco sabía el mundo de ese evento colosal y menos aún de las ideas que pergeñaban unos hombres sencillos, pero desbordantes de erudición. Más grande fue mi sorpresa cuando expresaron que se sentían felices de saber que yo era judío y conocía vastas áreas de otras religiones. Para demostrarlo, me invitaron a participar en reuniones con teólogos protestantes, de la iglesia ortodoxa griega y rusa, rabinos y hasta pensadores marxistas ateos. Era posible que entre esos personajes, cuyos nombres no registré como hubiera debido, se encontrara un entonces desconocido Joseph Ratzinger.
 
Poco antes yo había viajado a Roma para presentar, en el Congreso Mundial de Neurología, las investigaciones que había realizado en el Hospicio de la Salpêtrière de París. En esa ocasión fui agraciado para integrar la pequeña delegación que recibió Juan XXIII en su residencia veraniega de Castelgandolfo. Allí pude conocer de cerca de esa personalidad central del siglo, tierna, informal y segura, cuyas hazañas habían empezado antes de su pontificado, como me enteré después.
 
El Concilio refutó las sospechas de que Juan XXIII era un mero papa de transición. Su breve reinado alcanzó para provocar un giro que dio vértigo, generó serias críticas y tuvo consecuencias que aún no se pueden medir. Uno de los temas más deseados por ese pontífice eran las relaciones con el pueblo judío, a muchos de cuyos integrantes ayudó a escapar de las garras nazis hasta con métodos reñidos con la tradición. En su primer recibimiento oficial de una delegación judía, rompió las normas protocolares, descendió del trono y, abriendo los brazos exclamó con júbilo: “¡Yo soy José, vuestro hermano!”. Al inaugurar el Concilio, pese a las resistencias que le oponían sus asesores para brindar un pleno reconocimiento al Estado de Israel, ordenó que la bandera de ese país flamease junto con las del resto del mundo.
 
Juan XXIII falleció antes de la terminación del Concilio y fue su sucesor, Pablo VI, quien firmó la trascendental declaración Nostra Aetate, que pronto, el viernes 28 de octubre, cumplirá cuarenta años. Desde entonces se han realizado progresos inimaginables, pero es justo señalar ahora, con la perspectiva que ya se tiene, el coraje y la visión que inspiró a los teólogos que en aquella época dieron un aparente salto al vacío.
 
En efecto, tras los gestos de Juan Pablo II pocas cosas dejan atónitos ahora, pero en los años 60 aún prevalecía la acusación de deicidio y, para muchos cristianos, era un orgullo exhibirse con impudor antisemita. Nostra Aetate, en el sector referido a las relaciones judeocristianas, realiza varias afirmaciones que en su momento causaron estupor y, aunque ahora no sorprenden, no deberían cesar de repetirse. Primero, “los judíos son todavía muy amados de Dios, porque Dios no se arrepiente de sus dones y de su vocación”. Segundo, “lo que en su Pasión (de Cristo) se hizo, no puede ser imputado ni indiscriminadamente a todos los judíos que entonces vivían, y menos a los judíos de hoy”. Tercero, “la Iglesia, que reprueba cualquier persecución en contra de los hombres, consciente de su patrimonio común con los judíos e impulsada no por razones políticas sino por la religiosa caridad evangélica, deplora los odios, persecuciones y manifestaciones de antisemitismo de cualquier tiempo y persona en contra de los judíos”.
 
La hondura teológica, filosófica y doctrinal de esos puntos ha hecho correr ya mucha tinta y fue acompañada por sucesivas decisiones, como la de Pablo VI al crear, en 1974, una especial Comisión para las Relaciones con el Judaísmo, asociada a las relaciones por la unidad de los cristianos, distinción que no fue extendida a otras religiones. Esta decisión fue acompañada por una visita de 18 días al Estado de Israel por el secretario de la Comisión, para comprender el indisoluble vínculo histórico y teológico que anuda a los judíos de todos los tiempos con la tierra de sus ancestros.
 
En los años ochenta se publicó el texto Acerca de una correcta presentación de los judíos y el judaísmo en la predicación y en la catequesis de la Iglesia Católica. Por primera vez se intentaba dar cuenta de la espiritualidad desarrollada por el judaísmo en forma independiente del cristianismo y de los prejuicios que segregaba la vieja óptica. El papa Juan Pablo II enfatizó, al presentar ese documento, que “la antigua Alianza nunca ha sido revocada”. Las relaciones entre cristianos y judíos deben ser íntimas. Hay que refutar las imágenes distorsionadas que prevalecieron durante siglos sobre el judaísmo, como si fuese una religión fracasada o un resabio del pasado que debía perecer. Existe la obligación de condenar la “teoría placentaria”, es decir, la teoría de que Israel tuvo sentido para dar nacimiento al cristianismo, pero luego debía ser arrojado al recipiente de los objetos inservibles. Para vigorizar el énfasis, una de las porciones del texto subraya que “Jesús es judío y lo es para siempre”. Además, ese concepto inicia una vasta consideración sobre las relaciones de Jesús con la Torá, los profetas, el Templo de Jerusalén, las sinagogas y la cultura judía de su época.
 
En el campo de la liturgia, el documento destaca la raíz judía del cristianismo y sus rasgos paralelos en el culto. Afirma, contra viejas leyendas, que la historia del judaísmo no concluye en el año 70, cuando las legiones romanas demolieron el Templo y convirtieron en ruinas a Jerusalén, sino que “es necesario abandonar la concepción de pueblo «castigado», apenas mantenido como excusa viviente de la apologética cristiana”.
 
Juan Pablo II visitó la sinagoga de Roma, reconoció al Estado de Israel y le rindió una visita impresionante. En esa visita decidió imitar y rebajarse al nivel de los judíos que durante centurias de burlas, humillación e impotencia iban a dejar mensajes en el Muro de los Lamentos. Los llamó “nuestros hermanos predilectos y, en cierto modo, nuestros hermanos mayores en la fe”.
 
Benedicto XVI, al día siguiente de asumir su pontificado, escribió al actual rabino de Roma, Riccardo di Segni, para “reforzar la colaboración con los hijos y las hijas del pueblo judío”. Cuando fue a Alemania, visitó la sinagoga de Colonia, que habían quemado los nazis.
 
No obstante los esfuerzos de la Iglesia Católica y el creciente diálogo interreligioso, el antisemitismo ha vuelto a resurgir. Lo hace cambiando el disfraz de sus argumentos, como desde hace siglos: porque los judíos son ricos o son pobres, porque son poderosos o son indigentes, porque se integran y porque no se integran, porque son inteligentes o porque son una raza inferior, porque se dejan llevar al matadero o porque se defienden. Porque bogas o porque no bogas.
 
Lo cierto es que a cuarenta años de la declaración Nostra Aetate se debe tener la honestidad de reconocer que ese documento marcó un hito en la historia humana. Instaló a la Iglesia en la vanguardia de un vínculo fraternal con el pueblo y la fe de los cuales brotó. Fue un ejemplo restallante, porque luego del Concilio Vaticano II se manifestaron otras denominaciones y ahora es posible aplaudir, por ejemplo, la elocuente Declaración sobre el antisemitismo de la Comisión Luterana Europea. Pero no es menos vigorosa, completa y descarnada la Declaración de la Alianza de los Bautistas, porque arde con el fuego de Sodoma y Gomorra, y estremece por su síntesis.
 
Desde el primer párrafo afirma sin rodeos y sin anestesia que “hemos sido los trasmisores de una teología de culpa a los judíos por la muerte de Jesús; una teología que extrapoló la polémica antijudía del contexto que prevalecía en el primer siglo; una teología que usurpó para la Iglesia las promesas bíblicas y las prerrogativas otorgadas por Dios a los mismos judíos; una teología que ignora diecinueve siglos de desarrollo espiritual judío y considera a los judíos contemporáneos versiones modernas de sus correligionarios de aquel primer siglo; una teología que ve al pueblo judío como simple pieza de un ajedrez escatológico; una religión que prefirió la conversión antes que el diálogo, la calumnia antes que la comprensión y el prejuicio antes que el conocimiento; una teología que no reconoce la vitalidad, la actividad y la eficacia de la fe judía”.
 
Estos gestos cristianos han obtenido una sustanciosa respuesta de rabinos y académicos en el año 2000, por medio de la Declaración judía sobre los cristianos y el cristianismo, conocida como Dabru Emet. En ocho puntos de coincidencias muy vigorosas y reales se explicitan los puentes que unen a ambas comunidades. El texto culmina con la manifestación de que “los judíos y los cristianos reconocen, cada uno a su manera, que la situación de no redención del mundo deriva de la persecución y de los agravios que infligen la pobreza, la degradación humana y la miseria”.
 
Como predicaba la ígnea voz de los profetas, lo que importa es la acción sustentada en la ética, buscar la espiritualidad mediante la realización del bien y condenar sin rodeos cualquier manifestación de odio. Nostra Aetate se basó en la ética, sembró el bien y ha conseguido diluir muchos venenos del odio.
No disimulo mi emoción al celebrarla.
 
 
 
 

01 noviembre 2005

Kolót: la inmolación homicida (o la dudosa astucia de la sinrazón)

la inmolación homicida (o la dudosa astucia de la sinrazón)
de EduPlanet Rectorate (daniEl I. Ginerman) - Monday, 31 de October de 2005, 23:56
 

la inmolación homicida (o la dudosa astucia de la sinrazón)

Por Diana Cohen Agrest·

Para La Nación

 

Hegel creía que los grandes hombres no fueron sino meras herramientas al servicio de la historia, guiados por una especie de titiritero cósmico que iría moviendo los hilos de un proceso a lo largo del cual la libertad se iría realizando en el mundo, instalándose en los pueblos y en los individuos. También decía que “lo particular es, casi siempre, demasiado pequeño frente a lo universal; es así como los individuos quedan sacrificados y abandonados” en aras del devenir. Y que nada grandioso se realiza en el mundo sin pasión: los amores y los odios, los sacrificios y hasta las miserias de un Napoleón o de un Alejandro Magno no son sino momentos de esa liberación. Impulsados en su pequeñez por razones, las más de las veces tan egoístas como inexplicables, los grandes hombres fueron dirigidos por una especie de espíritu universal hacia la realización de dicho fin liberador. A este dispositivo cósmico, Hegel lo llamó “la astucia de la razón”.

Muy, pero muy distante de esas figuras, sin nombre, sin lápida siquiera, el suicida musulmán, en su inmolación homicida, es guiado por una razón pervertida, una sinrazón que pese a ser pensada, creada y dirigida por pasiones humanas, promete un más allá tan imposible de verificar como de falsar.Se dice que el suicida homicida es un tipo de bomba guiada por dos ojos y un cerebro. Antes de inmolarse, se graba un video donde se lo escucha afirmar: “Soy un mártir vivo”. El propósito de la grabación es doble: despedirse de su familia –que tras su muerte, ofrecerá una “celebración” donde es felicitada por sus allegados–. Pero fundamentalmente, la grabación frente a una cámara de video es un acto de compromiso personal que se hace público, y señala un punto de no retorno. A partir del acto suicida, y jerarquizados por su misión, se honra a sus familiares con honores y alabanzas, y se la recompensa –terrenalmente y al contado–. Y en lo que toca al más allá, se les asegura a setenta de estos parientes el privilegio de la vida en el paraíso. El atacante no se queda atrás, pues obtiene unos cuantos beneficios para sí mismo, entre otros, la promesa de vida eterna en el paraíso; el permiso para ver el rostro de Alá; y el servicio de setenta y dos jóvenes vírgenes que lo servirán en el cielo. Lo que no es poco.

Estas recompensas se enraízan en la cultura musulmana, donde la tradición del martirologio puede ser rastreada desde sus inicios. Mahoma guió a sus seguidores hacia la Guerra Santa, enseñándoles, según los versos del Corán, a luchar contra los infieles. En la aleya 74 de la sura 4 se lee: “Quienes cambian la vida de acá por la otra, ¡combatan por Alá! A todo aquel que combatiendo por Alá, sea muerto o salga victorioso, le daremos una magnifica recompensa”. La tradición sostiene que toda vez que alguien muere, un ángel se hace presente y lo interroga sobre los pecados cometidos con el propósito de decidir si es merecedor del paraíso o del infierno. En una muerte por martirologio, el alma no se confronta con esta angélica investigación, y accede directamente al paraíso. Así se explicaría, en parte al menos, que los ejércitos musulmanes pelearan en defensa de la fe, amparados en la creencia de que todo aquel que pereciese en batalla, tendría garantizado su acceso al paraíso.

 

 

La vida devaluada

 

Pese a que, en principio, quitarse la vida o quitar la de los otros es haram (prohibido por la religión) y, dado este estatuto, requiere del permiso divino, en este escenario sacrificial, amparados en su fe y en la protección de Alá, todo aquel que participa de un ataque no es considerado un suicida, sino un mártir que lleva a cabo el cumplimiento de un mandato religioso durante la Jihad o “Guerra Santa”. Las razones que legitimarían los suicidios homicidas tras el velo de un encomiable martirologio presentan más de una arista. Una de ellas alega una suerte de “estado de necesidad” fundado en la existencia de una situación excepcional en la cual, ante un grave peligro, se prescinde de la ley y se excusa el daño inferido. Es así que excepcionalmente, durante la Jihad, el suicidio y el homicidio son permitidos, dado que esta situación es considerada un caso extraordinario. Jihad significa literalmente “hacer un esfuerzo”, luchar. Es un concepto muy importante del Islam que no significa exclusivamente luchar en el campo de batalla, sino que también se vincula con los actos de purificación espiritual individual, y con el esfuerzo por mejorar la calidad de vida de la sociedad. Dado que quienes se enrolan en esta clase de actos aspiran, en principio, a ascender junto a Alá en el más allá y a luchar en contra de la opresión de su pueblo en la vida terrena, con su muerte ambos propósitos asociados a la salvación se cumplen.

Por cierto, en el marco políticamente radicalizado del Islam, los ataques suicidas no son vistos como actos cobardes –como se los retrata a menudo en Occidente– sino como una forma de resistencia, a su juicio, legítima. Violencia mediante, esta forma radicalizada del fundamentalismo islámico como movimiento trasnacional confiere a lo que no es sino un grupo minoritario, una ideología de resistencia que aspira a perpetuar una identidad tradicionalmente ajena a la libertad. Pero, según solía citar Hegel del Cantar de los Cantares, “no hay nada nuevo bajo el sol”: el filósofo alemán sostuvo que las culturas de Oriente habrían representado la infancia de la humanidad, caracterizada por la ausencia de libertad. Los orientales, advertía, no saben que el hombre como tal es libre, y, como no lo saben, no lo son. El individuo, pues, es absorbido por el Estado y en la relación individuo-colectividad prevalece la comunidad.

Es sabido que el temor a la muerte fue uno de los grandes motores de la historia. Pero el terrorista suicida venció ese temor. Y en rigor de verdad, el poderío del terrorismo islámico radica en su persuasión de que la vida no vale nada, una creencia donde no sólo se transgreden los límites de la racionalidad sino los del más elemental instinto de vida, compartido por el hombre con todas las otras especies de la naturaleza. Pero ese acto sacrificial deviene otro instrumento político en manos de poderosos, donde se transgreden las normas éticas más básicas: el respeto de la vida del otro.  

La guerra, al fin y al cabo, es un asesinato en masa legitimado, donde -según la expresión de Jean-Paul Sartre–, son los ricos los que hacen la guerra y los pobres los primeros que mueren por ella. Y es un asesinato sea cual fuere su estandarte. Se ha dicho que Occidente está cosechando locura. Ha sembrado locura y recoge lo que sembró. Y para peor, continúa sembrando locura: en el nuevo escenario de Londres, un inmigrante brasileño comete el pecado de portar ropas holgadas y una mochila al hombro. Confundido con un terrorista, es víctima de un “error”. Es cierto: nadie puede saltar más allá de su propia sombra, y carecemos de la perspectiva que sólo otorga la Historia para poder juzgarla. Pero carentes de grandeza, tan distantes de los grandes hombres como los mismos suicidas, difícilmente los protagonistas de Occidente de esta gesta sean dirigidos por algún espíritu universal. Espíritu neutralizado si lo hay, casi reducido a la nada, o simplemente en descanso sabático. La astucia de la razón sustituida implacablemente por una dudosa astucia de la sinrazón. O sea, una razón pervertida que, en lugar de encaminarse hacia la libertad, en estos tiempos de apocalipsis bacteriológico, se encamina hacia su ocaso.



·La autora es Dra. en Filosofía y profesora del Depto. de Filosofía de la UBA.