29 febrero 2008

contextos: Re: La Mujer sin Nombre

Re: La Mujer sin Nombre
de fishel david friedman - Friday, 29 de February de 2008, 20:05
 
El bitajón –confianza

Extraído de El portal de la confianza. Editorial Feldheim

"El objetivo principal de la entrega de la Torá a Israel es que tengan bitajón en Dios... Y la razón de esto es porque lo más importante de todo es tener un bitajón completo; y esto constituye la esencia de todas las mitzvot" (Comentario del Gaón de Vilna sobre Mishlé 22:19).

La palabra bitajón en hebreo significa "confianza"; en nuestro libro, la confianza en Dios. La idea de la confianza en Dios es un concepto que aparece frecuentemente en la Torá, a pesar de que no encontramos ningún versículo que ordene en forma explícita sobre este precepto utilizando específicamente el término bitajón. A pesar de ello, varios de los Sabios de nuestro pueblo que se dedicaron a enumerar las mitzvot de la Torá han entendido que el bitajón en Dios es un precepto de la Torá que se aprende del versículo: "Íntegro habrás de ser con Hashem, tu Dios" (Devarim 18:13) . De todas formas, en los libros de los Profetas y, más aún, en los de las Escrituras, hay muchos versículos que se refieren explícitamente al bitajón .

A modo de prólogo de lo que es el bitajón, consideramos apropiado citar algunas frases del libro Kad Hakémaj (bitajón) de Rabenu Bejayé ben Asher (España, siglo XIV), uno de los más grandes Sabios de nuestro pueblo, que vivió aproximadamente 250 años después de Rabenu Bejayé Ibn Pekuda, el autor de nuestro libro.

Basándose en el libro Emuná y Bitajón del Rambán, Rabenu Bejayé ben Asher explica la diferencia y la relación entre dos conceptos parecidos: emuná -fe- y bitajón -confianza-. Él dice que la emuná está incluida en el bitajón, ya que todo aquel que confía en Dios es claro que también tiene fe en Él, pues el hombre sólo deposita su confianza en quien cree que tiene el poder de realizar lo que él pide.

Sin embargo, puede suceder que una persona tenga fe en Dios pero no tenga bitajón en Él; por ejemplo, cuando una persona considera que no es merecedora de que Dios le conceda un pedido porque ella ha pecado en Su contra o porque ya ha recibido la recompensa de Dios por sus buenas acciones a través de milagros que Dios hizo con ella. Y por cuanto que esta persona no considera que tiene suficientes méritos como para que Dios le conceda su pedido, ella no piensa que, de todas formas, debe procurar tener bitajón en que Dios lo salvará de sus sufrimientos y sus tribulaciones o que le realizará su pedido, y por eso tratará de obtener lo que quiere o necesita a través de los medios que tiene a su disposición en el mundo, poniendo toda su confianza solamente en ellos y no en Dios para que le ayude a tener éxito en su esfuerzo. Entonces diremos que esta persona tiene emuná pero no bitajón .

En cambio, todo aquel que tiene bitajón indudablemente también tiene emuná, pues el bitajón se compara con el fruto de un árbol y la emuná con el árbol en sí; y así como el fruto es una señal evidente de la existencia del árbol, el bitajón que la persona tiene en que Dios lo ayudará concediéndole su pedido demuestra la existencia de la emuná, pues evidentemente ella cree que Dios tiene el poder de ayudarlo.

Respecto de la esencia del concepto de bitajón, Rabenu Yoná, en su comentario sobre el libro de Mishlé (3:26), explicó que el bitajón consiste en que la persona esté convencida en su corazón de que todo está en manos de Dios, que Él puede cambiar la naturaleza y el mazal -la suerte de la persona-, y que no hay nada que le impida a Dios salvar a la persona de sus problemas y tribulaciones, incluso si el sufrimiento está muy cerca de él, pues los caminos de Su providencia son ilimitados.

Y concluye Rabenu Bajayé ben Asher diciendo: "Y por cuanto que el bitajón es un principio fundamental de entre todos los principios de la Torá, encontramos que la Torá está basada

contextos: Re: La Mujer sin Nombre

Re: La Mujer sin Nombre
de fishel david friedman - Friday, 29 de February de 2008, 20:04
  

Cuál es el origen de la fortaleza interior de Abraham? Como influencia realmente en la personalidad colectiva de sus descendientes, el pueblo judío?

La fortaleza interior de Abraham opera a través de la fe (emuná). En cabala, la fe es definida de forma diferente que como se usa popularmente. La fe es el estado más profundo de comunicación, una percepción supraracional y al mismo tiempo potencialmente experimental, arraigada más allá de los límites de una explicación lógica. Su veracidad es vivenciada con más fuerza y certeza que el conocimiento del mundo físico, a pesar de que no es verificable con los sentidos físicos externos, ni los instrumentos de la ciencia pueden detectar sus esferas más trascendentes. Por el merito de Abraham y Sara, cada alma judía tiene como mínimo un nexo subconsciente con la absoluta unicidad de Di-s, una memoria, por así decirlo, de haber experimentado esta realidad. Esta fe profundamente arraigada en Di-s se manifiesta como una fuerza e integridad interior. El pueblo judío persiste atravesando pruebas aparentemente insuperables, tanto de fuego (pogroms) como de hielo (asimilación), por tener una fe sabia e innata en Di-s como su Amo, Creador y Protector.
Aun así queda la pregunta de por que tiene que haber pruebas, tribulaciones, dolor, agobio y sufrimiento? Por que Di-s creo un mundo en el cual es necesaria la adversidad?

El Tania, basándose en el libro de Deuteronomio, explica que las adversidades del mundo físico muestran a Di-s lo que hay en el corazón humano. Pero que significa esto? Acaso Di-s no lo sabe ya? De hecho, uno de los trece principios de fe establece "Yo creo con fe perfecta que Di-s conoce todos los actos y pensamientos humanos". Y los Salmos confirman este punto: "El [Di-s] ha moldeado cada corazón. El entiende lo que hace cada uno".

Entonces, la explicación debe ser que, a través de las pruebas y tribulaciones nos educamos a nosotros mismos. Forzados a recurrir a los más profundos reservorios de fortaleza, aprendemos de que estamos hechos. Especialmente en los tiempos de desafíos nos percatamos de la magnitud de nuestro amor y confianza en Di-s. Una prueba de fe revela dos cosas, la profundidad que tenía previamente nuestro amor innato a Di-s y las limitaciones de nuestro nivel actual de confianza. (Esta misma dinámica se aprecia también en las relaciones matrimoniales, donde un estado ocasional de adversidad provoca a menudo una profunda afirmación del amor, como así también la iluminación de aquellas áreas débiles que necesitan ser trabajadas).

Es útil también recordar que Di-s pone pruebas solo de acuerdo con nuestra capacidad de sobrellevarlas y superarlas. Los sabios ven una parábola para esto en el procesamiento del lino, donde las fibras de alta calidad deben ser golpeadas vigorosamente para extraer su carácter excepcional, mientras que las de baja calidad serian destruidas con un tratamiento tan brusco.

La palabra hebrea eitan significa "la fortaleza de ser", la característica internalizada por Abraham que revela el secreto de su poder. Esta palabra está compuesta por las cuatro letras que se utilizan en hebreo como prefijo para construir el tiempo gramatical futuro simple (alef, iud, tav y nun).

Esto funciona así:
Cuando aprendemos a perseverar frente a las pruebas y las tribulaciones y a usar esas experiencias como un vehículo para profundizar nuestra relación con Di-s, le revelamos a Di-s y a nosotros mismos nuestro punto de "fortaleza del ser", eitan. Esto es, hacemos real lo que ya existía previamente solo como potencialidad. De esta manera crecemos hacia el futuro, como así también nos acercamos a la expresión de nuestro ser perfecto y verdadero, que es el punto final verdadero de la travesía de nuestra alma. Esto es llamado: revelar el futuro, porque en cabala el futuro (atid) significa "lo que esta preparado pero aun no esta revelado", contrariamente a su definición mas común como algo que no tiene existencia en absoluto en el presente. Esta es la rectificación requerida por la educación, descubrir que incluso nuestro futuro es una realidad actual.

contextos: Re: La Mujer sin Nombre

Re: La Mujer sin Nombre
de fishel david friedman - Friday, 29 de February de 2008, 20:03
 Los pensamientos del hombre son rak ra kol haiom [malos todo el día].
Génesis 6:5

Sabiendo que el pensamiento puede alcanzar las alturas más elevadas, debemos comprender que los pensamientos nunca son meros pensamientos. Nunca debemos permitirnos abrigar la noción de que no importa qué es lo que pensemos. Los buenos pensamientos son extremadamente beneficiosos tanto para aquél que los piensa como para el mundo en general, mientras que los malos pensamientos son muy destructivos.

Enseña el Rebe Najmán:

En los antiguos anfiteatros, los monarcas solían disponer de luchas entre animales salvajes y sus presas. El mismo tipo de batalla se libra hoy en día en la mente de la persona: batallas entre los buenos pensamientos y los malos pensamientos. Cuando los buenos pensamientos emergen victoriosos de esta batalla, ello produce un gran placer Arriba (Likutey Moharán I, 233).

El Rebe Najmán explica también un pasaje relacionado tomado del Zohar (III, 123a): "Todos los días tienen un bien oculto. Pero acompañando a cada día hay un ángel que impide que la gente [que no es digna de ello] comparta ese bien. Este ángel puede tomar muchas formas - oscuridad, espinas, serpientes, escorpiones - los cuales actúan como guardianes para proteger el bien de ese día e impedir que alguien indigno se beneficie de ello. De hecho, si no fuese por estos guardianes, los malvados podrían entrar libremente a los misterios de la Torá [y compartir el bien oculto de ese día]. Es por esta razón que cuando
alguien que no es digno intenta entrar a los misterios de la Torá, es rodeado inmediatamente por tropas de ángeles destructores, que se manifiestan como oscuridad, ocultamiento, confusión, etcétera, impidiéndole pasar. Sin embargo, cuando el que es digno desea entrar, estos guardias lo ayudan... Ellos lo llevan hacia el bien oculto y hablan a su favor ante al Señor del Universo.." .

Las "serpientes y escorpiones" son los pensamientos que confunden a la persona cuando desea aprender los misterios de la Torá. Pero si persiste en su deseo de encontrar a Dios, estos mismos pensamientos la ayudarán; y entonces hallará un enorme bien cada día... Pues la persona tiene la capacidad de inclinar sus pensamientos hacia la dirección que desee. Incluso cuando sus pensamientos se desvían, aun así tiene
el poder de refrenarlos y hacerlos volver hacia el sendero correcto (Likutey Moharán I, 84:1; ibid. II, 50).

Enseña el Rebe Najmán que los pensamientos dañinos que acosan a la gente sirven para recordar la constante batalla con Amalek, el archienemigo de la nación judía. Este es el significado del versículo citado más arriba, "Los pensamientos del hombre son raK rA koL haioM [malos todo el día]" . En hebreo, las
letras finales de estas palabras forman la palabra AMaLeK. Los pensamientos malos y lascivos representan al Amalek interior (Likutey Halajot, Minja 7:19).

Amalek alude también a las dudas y a la confusión. Esto puede verse en el valor de la palabra Safek (duda), que es 240, el mismo valor de la palabra Amalek. Igual que Amalek, las dudas atacan a la persona de manera furtiva. Incluso antes que podamos darnos cuenta que estamos bajo asedio, nos vemos dominados por emociones y pensamientos conflictivos. Es por lo tanto un mandamiento Bíblico el recordar a Amalek, es decir, ser conscientes de él y de su comportamiento furtivo y presentarle una constante batalla

contextos: Re: La Mujer sin Nombre

Re: La Mujer sin Nombre
de fishel david friedman - Friday, 29 de February de 2008, 20:00
 

La vida presenta diferentes aspectos. A veces las cosas nos van bien y percibimos la Misericordia. Otras nos sentimos bajo una nube y nada sale de la manera que deseamos. Las cosas parecen estar mal. Pero en el Shemá expresamos nuestra fe en que el Dios Uno está en control de todas las circunstancias de la vida. Que incluso las cosas difíciles provienen de Dios. Cuando los eventos se presentan de manera diferente a como nosotros hubiéramos querido, ello no significa que la vida es cruel y sin propósito. La dificultad y el sufrimiento no son arbitrarios. Provienen de Dios, tanto como las cosas buenas.

Dios es Rajmana, el Misericordioso. Todo lo que Él hace por nosotros es para nuestro bien último. Dios es perfección, y el amor más grande se muestra en el hecho de que podamos acercarnos a Él y conocerlo. Pero somos como niños que han crecido pero que aún desean ser pequeños: no nos gusta dejar detrás las indulgencias de nuestra infancia, el materialismo, en aras de la madurez, la vida del espíritu. El ego mundano dice, "Yo quiero que las cosas sean a mí manera". Pero los buenos padres saben que si uno ama a su hijo debe ser firme. Es necesario negarle cosas que finalmente le harán daño, y hay que incentivarlo para que haga el esfuerzo de alcanzar las cosas que serán buenas.

La mano del Juicio Estricto opera en unidad y conjunción con el lado de la Misericordia Compasiva. Ambos se complementan mutuamente, trabajando por el mismo objetivo, que es hacer descender el amor de Dios sobre nosotros, lo que significa Su revelación. Dios es Uno, EJaD. La suma de los valores numéricos de estas letras, la guematria, es 13. Este es el mismo valor que la guematria de AHaVaH, Amor. Trece atributos de Misericordia. La unidad perfecta.

Cuando decimos el Shemá, la declaración de nuestra fe, nos ponemos la mano sobre los ojos y los cerramos. Este mundo material fue diseñado para probarnos. Aquí las cosas no pueden tomarse tal como se presentan, las apariencias pueden ser muy engañosas. Dios en general está oculto, especialmente cuando las cosas están mal y no podemos ver hacia dónde nos llevan. Cerramos nuestros ojos y los cubrimos con la mano para poder centrarnos en el ojo interior del mundo de la verdad. Shemá Israel, el Señor es Elokim. Elokim es el Señor. Misericordia implica Firmeza. Firmeza es una parte de la Misericordia. El Señor es Uno

contextos: Re: La Mujer sin Nombre

Re: La Mujer sin Nombre
de Iosef Rosenberg Torres - Friday, 29 de February de 2008, 05:57
 

Shalom Morah Malcah

 B"H  por  la excelente exposición sobre el tema de este libro de Job que me apasiona, pues se refleja la realidad de muchas parejas o familias y "amigos" de  hoy  y su interrelación en el día a día  para con El Creador.

Todá Rabá  Al Eterno por esa Sabiduría Divina, pues El la da a quién quiere.

Y que El Eterno la siga bendiciendo por siempre.

Shalom, Shalom.



27 febrero 2008

contextos: Re: La Mujer sin Nombre

Re: La Mujer sin Nombre
de Josefina Navarro - Wednesday, 27 de February de 2008, 10:33
 

B''H

Intentar hablar de la mujer de Job es, lo estamos comprobando, adentrarse en el abismo de contradicciones y sobresaltos que se abre en el alma de la pareja doliente.

Llegados a este punto de las contradicciones y de los sobresaltos, debemos señalar que la respuesta de Job a su mujer también encierra algunas insinuaciones tremendas que la explicites del texto enmascara. Job dice oficialmente lo que sigue: "Como cualquier necia has de hablar…" y, en esta frase, nos interesa la palabra הנבלות  -hanevalot-, que se suele traducir por "las necias", "las tontas". Es una palabra cuya raízנבלindica la indolencia, la impudicia, la infamia. Al grito de su mujer, Job, contrariamente a las apariencias de la expresión social y religiosamente admisible, contesta con un alarido de dolor. Los dos esposos martirizados se lanzan mutuamente a la cara unas acusaciones violentas, delirantes, que el texto mantiene veladas para indicar que pertenecen a la intimidad de la pareja y, probablemente también, para atraer la atención subconsciente del lector o del oyente sobre la humanidad de los personajes que, en el quebranto de la tortura, llegan a insultarse el uno al otro. Ellos son dos seres humanos, no sólo dos símbolos descarnados y como todos los seres humanos se aman en medio de espantosos padecimientos, se pelean. (Los que no se aman, ante las grandes pruebas no se pelean, se separan.)

En la Torah está todo, nadie lo duda, incluso las broncas conyugales. Recuérdese, por ejemplo al patriarca Jacob enfadándose con su querida Rajel cuando ella se quejó de ser estéril. Ahora bien, en un texto de apariencia tan alegórica como lo es el Libro de Job, este realismo subyacente no deja de sorprendernos y llenarnos de admiración.

Lo encontramos bien patente en la ausencia total de compasión que Job muestra por su familia. Este hombre cuyo lamento representa el grado más sublime del patetismo y la expresión más justa, más acendrada y más desgarradora del sufrimiento, este hombre capaz de recordar cuán ejemplar se mostraba él ayudando a la viuda y al huérfano, no tiene una sola palabra de la compasión para su mujer y sus hijos. Ni siquiera interrumpe al sabiondo Bildah cuando este le dice (capítulo VIII, versículo 4) que si han muerto sus hijos, les está bien empleado. Vuelve a hablar de lo que le sucede a él, de la congoja que le atenaza y de lo injusto que es el trato que él recibe del Cielo.

¡Desde luego, el ego ya lo tiene despierto.. y bien despierto!

Así es: Job está tan sumido en el absoluto desconcierto que no advierte nada ajeno a su dolor.

Para llegar a entenderlo, es imprescindible recordar que el problema del justo perseguido no es el sufrimiento sino la ausencia o, mejor dicho, el silencio de D-s.

Aquí se plantea una pregunta. ¿Vuelve este silencio especialmente egoísta a quien lo padece? Diremos más bien que le enajena y ningún enajenado puede pensar en los demás, ya que para compadecer a los demás se precisa una identidad intacta, coherente, unificada y el enajenado tiene una identidad despedazada. Al sufrimiento se le hace frente y se lo supera con valor y abnegación, cualidades que a Job no le faltan. Al silencio de Di-s en cambio, es imposible oponerle cualidades morales. Cuando El Eterno Se oculta, Se calla, todas las virtudes humanas se tornan irrisorias.

Imaginemos a un músico que, en medio de un concierto se vuelve ciego y sordo sin poder abandonar su atril. Ni ve al director d orquesta, ni oye a sus compañeros.

Recuerda el programa y, por esto, intenta calcular cuál es la obra que está tocando, pero no sabe por donde van los demás… no entiende nada, solo siente las patadas que le están propinando a diestra y a siniestra… esta situación es un reflejo de la desazón que embarga al justo perseguido. No carece de cualidades morales; pero teme no tener derecho a emplearlas y verse más y más castigado si se le ocurre echar mano de ellas porque tiene el sentimiento muy justificado en un caso como el de Job, de sufrir un castigo por ser justo.

En cuanto a Job, es forzoso admitir que este aspecto de la prueba era más duro para él que para su mujer, porque él es cerebral, discursivo, lógico. Él está siempre indagando la razón de las cosas, procurando relacionar causas y efectos. Sus amigos, igual. Experimentan tal desasosiego ante lo incomprensible de una realidad manifiestamente es absurda que para evitar el derrumbe de todos sus esquemas mentales y espirituales, tratan por todos los medios de lograr que la víctima reniegue de su inocencia. Ellos también están enajenados. Se sienten en peligro, son presa del espanto, piensan: "Si este es inocente, lo que le sucede a él puede sucederle a cualquiera, podría sucederme a mí… ¡no¡ ¡a mi no¡ No quiero ni imaginarlo. Quiero estar seguro de que semejante tormento no se me va a infligir a mí nunca y solo lo estaré si hay una explicación racional, una causa evitable, o sea, si éste es culpable. Esto es: éste es culpable, todo lo explica. Además, aumenta su culpa al no confesar… nos sume a los demás la zozobra, tiene que reconocer sus errores".

Sus amigos no vienen ni a compadecer, ni a consolar a Job, menos aún a abrirle horizontes espirituales, viene a torturarle, con la intención de doblegarle, de hacerle confesar su culpabilidad y creer en ella.

No son personas intrínsecamente malvadas, son hombres asustados. Hay cierta conveniencia entre Job y ellos en el sentido de que todos son varones. Las aberraciones y los disparates les dejan anonadados. Se pierden en razonamientos interminables que se les agotan sin resolver nada.

La mujer en cambio, al dejarse arrebatar por la emoción puede llegar a proferir palabras o a cometer acciones descabelladas, pero si, a pesar de sus nervios, no se hunde en la demencia, tiene abierta la puerta de la esperanza, porque la convicción de que las cosas pueden cambiar para bien no es más irracional que la desgracia injustificada.

A este respecto, cabe resaltar que la esperanza representa un factor determinado en la unión de Job y su esposa. Ahora mismo pasamos a analizar una parte del texto que lleva a esta conclusión.

Nos referimos al capitulo XIX. Job se encuentra en el paroxismo de la exasperación indignada. La incomprensión de sus amigos le suena a pedante insatisfacción. Él está aguantando en una tortura real, tangible, que no se amolda a ningún recipiente conceptual.

Intuye confusamente que su desastre interior no es debido a un fallo discursivo sino a la desaparición de un elemento vivificador y así exclama en el versículo 10:

 "Desarraiga cual árbol mi esperanza", mencionando, pues la huida de la esperanza en medio de sus lamentaciones como un desastre comparable a la aniquilación del árbol, símbolo de vida, pero no se detiene en ella, por lo que consideramos este grito fruto de un anhelo muy pujante pero aún desorientado.

La palabra תקוה–tiqváh- (esperanza), ya la ha pronunciado Job tres veces, al llegar a este punto. En la primera (capítulo XIV, versículo 7), que se enmarca en una estrofa espléndida, él echa en falta un vigor semejante al de un árbol capaz de superar la prueba de la tala para rebrotar "al olor del agua", o sea del elemento femenino, maternal. Job añora el seno materno que , por cierto, es el lugar privilegiado de la esperanza. El niño espera nacer y Job que, hasta sufrir el monstruoso suplicio que el Cielo le inflige, h llevado la vida tranquilizadora del niño bueno, invariablemente premiado por lo bien que se porte, está ahora a la espera de renacer en tanto que hombre adulto, indomable e inquebrantable ante la injusticia, por mucho ésta parezca provenir del Padre Todopoderoso.

Pero la esperanza del niño para transformarse en adulto no anida en el seno materno sino en el seno de la familia paternal. Esto viene ilustrado en el capítulo XVII, versículo 15, donde Job se pregunta: "¿Dónde está mi esperanza y mi esperanza quien la divisará?" empleando dos veces laתקותי  -tiqvatí- (mi esperanza) en pleno centro del versículo. A la palabra esperanza ya le pone el posesivo de la primera persona, mientras que el verbo ישורנה  -yeshurennaremite la raíz  שורque designa el cordón umbilical en los textos antiguos. No hay pues ninguna duda posible, Job describe su doble y vana búsqueda de la esperanza, en el seno materno, representado por la fosa y en la familia enumerada a continuación: padre, madre y hermanas (el elemento femenino va apareciendo con más fuerza en el paisaje mental de Job) pero la búsqueda se termina una espantosa y aleccionadora decepción porque se centraba en la familia parental que es un mundo pretérito para el casado y el hombre que pide al pasado la solución a sus problemas no se encuentra sino gusano devorando cadáveres.  Ahora, el  "odjá" que profirió la Mujer Sin Nombre suena en el registro positivo de la invitación a crecer.

Malcah

Continuará...

24 febrero 2008

contextos: La Mujer sin Nombre

La Mujer sin Nombre
de Josefina Navarro - Sunday, 24 de February de 2008, 16:57
 

B''H

De esto se encargaron los hombres

Puede que ella no tuviera siquiera tiempo para comentarios, atareada, que estaba en servir refrescos a un trío de amigos que se presentaron de repente y permanecieron en el patio de su casa una semana antes de tomar la palabra. ¿Quién sabe? Si, los amigos estuvieron allí muy modosos y compungidos durante todo el tiempo de la ענינות -aninut-, y ¿ella?

Ella no entonó ninguna lamentación. Ni acusó a Di-s de su desgracia, ni ensordeció a nadie con aullidos de dolor, ni tuvo oportunidad alguna de reivindicar su inocencia. La palabra צדקת  -tzadéket-  no existía en el idioma para designar a la mujer justa, el  צדיק–tzadik-  no conocía su femenino y el concepto de  אשת חיל  -eshet -jail (mujer virtuosa) tal vez no hubiera llegado al lejano país de Hus. No, ella, la mujer, La Mujer Sin Nombre, sin más identidad que la de su marido, la Señora de… no tuvo derecho a ser víctima. Madre de todas las almas devoradas por los malolientes gases de las cámaras de exterminio, ella no pudo ni siquiera quejarse, no fue sino la inconsistente sombra cuyo más leve suspiro hubiera resultado una indecencia, un estorbo, una ofensa, para la sabia y sentida oratoria masculina. La grasa que poco a poco fue desapareciendo de su cuerpo, dejándola demacrada y aventajada, debió de utilizarse para fabricar jabón en algún sórdido taller del Guehinon. ¿Adonde iría a parar su exuberante cabellera que se esparcía olorosa sobre la almohada cuando las noches de amor exhalaban susurros de lirios y rosas? Ella se quedó desgreñada y medio calva, con unos cuantos mechones grisáceos y sucios como rótulo de su oprobio.

Profundo e indecible era su desconcierto porque apenas si llegaba a intuir la razón, la causa oculta y misteriosa de su carencia de identidad. Le costaría todavía gran número de esfuerzos y sufrimientos, un larguísimo camino de angustias, lleno d e tropiezos y agotadores resurgimientos, el comprender que ella no era nada por sí misma, que no era sino "el otro" de él, una mujer casada, o sea…

La Otra.

Siguió barriendo, fregando, limpiando, guisando, lavándole las heridas al esposo y acostándose a una hora imposible, tan exhausta que no llegaba ni a sonar... aquello fue el regalo de la Divina Misericordia. No soñaba, no veía a sus hijos jugando alrededor de la casa, no veía a su esposo alzando la copa de la vida a la cabecera de una mesa lujosamente servida, no soñaba... se dormía nada más acostarse y se despertaba sobresaltada cada vez que los gemidos de su marido se hacían más intensos, taladrándole el escaso descanso que le permitiría seguir siendo útil un día más y recordándole... su espantosa exclamación.

Mientras tanto, su marido, Job, tomó la palabra... y le costodejarla. De hecho solo lo hizo cuando el propio Di-s Se le impacientó y se le entiende porque inmenso era su pesar.

Todos cuantos conocemos el poema de Job sabemos que es imposible expresar con más emoción con más veracidad, con más realismo y con mas sincero patetismo el sufrimiento del inocente injustamente castigado, no sólo por la Mano Divina sino, también, por la incomprensión, el desprecio, las calumnias más o menos encubiertas y las acusaciones de los amigos que pretenden haber venido a consolarle, amén del abandono de los familiares.

¡Del árbol caído todos hacen leña ¡ya se sabe!

Job se presenta como el epítome y el paradigma de todas sus desgracias y tendríamos que darle la razón si no Juera porque en medio de su dolor y de su legítima indignación, olvida que existe un ser aún más desgraciado que él: su esposa, la pobre mujer a quien ha mandado al Azazel sin contemplaciones, condenándola así a un oprobio tan duradero como injustificado y de cuya aflicción nadie se preocupa. Él está enfermo y ella le cuida, él está sentado en el patio y ella trabaja. No lo dice explícitamente el texto... pero el sentido común nos permite oír este silencio y la reflexión, entender su mensaje: a ella se la olvida

Los piquillos de oro que se apresuran a declarar que hasta su mujer se le volvió en contra, no advierten que ella también ha perdido todo cuanto poseía, que a ella también se le han muerto los hijos y que ella sufre por su marido enfermo a quien no abandona y esto último sí indica el texto: Cuando Job la menciona, lo hace en presente.

 Tenerla a su lado incluso bastante cerca como para que ella le pueda oler el aliento, le parece la cosa más natural del mundo. En ningún momento se preocupa por ella.

Ni una sola vez, dentro de las larguísimas y como ya se ha subrayado, hermosas y conmovedoras parrafadas que decía a su propio dolor, Job compadece a su mujer. La menciona en dos ocasiones que retendrán nuestra atención más adelante, en términos completamente ajenos al cariño o a la simple piedad.

Por otra parte, en lo referente a la mujer de Job, lo más llamativo e incluso asombroso, es que El Eterno, a ella ni la regaña, ni la castiga. ¡Por algo será! La trata como a una cómplice.

Desde luego resulta evidente que, en una primera aproximación la mujer desprovista de identidad que interviene en el capítulo II del libro que nos ocupa, es presentada simplemente como el tercer vértice del triángulo tentador, estando los otros dos ocupados respectivamente por Di-s y por Satán. Mientras que enבראשיתBereshit- El Creador se enfadaba con la mujer y con la serpiente (y por supuesto con Adán que había sucumbido), en Job no se enfada con Satán ni con la mujer (ni con Job que no había caído en tentación)… pero si con los ínclitos amigos que han actuado por cuenta propia.

Ahora bien, en la geometría de la tentación, la Mujer Sin Nombre tiene un papel muy particular, porque mientras Di-s y el Satán hablan "de" Job entre ellos, en el secreto de la complicidad, ella no les habla ni al Uno ni al otro, sino que habla a Job y le habla de modo espontáneo, no juega con él y este que ignora lo que Di-s y Satán se dicen, se entera, en cambio, perfectamente de lo que le dice su mujer. Queda pues muy claro que además de la función provocadora ella tiene también otra: la de ser un puente entre el cielo y la tierra, lo cual en el lenguaje teológico se expresa por la palabra "pontífice".

En el momento en que ella transmite a su marido lo que está diciendo el Cielo, asume una función sacerdotal. Puede que sea esta la única, o por lo menos, la primera explicación al hecho de que Dios no la regaña ni le inflige por sus palabras más castigo que un justificado remordimiento por la אונאת דברים  -onaat devarim-  (vejación)  de la que probablemente se sentía más culpable que de cualquier otra implicación de las encerradas en su grito.

Como lo acabamos de señalar, ella es la primera persona en hablar con Job de su desgracia que él ha venido aceptando hasta entonces con femenina receptividad: "El Eterno ha dado, El Eterno ha tomado!¡Bendito sea el nombre del Eterno!".

Esta reflexión que marca la ubicación de Job en el polo negativo de la no reacción al sufrimiento, de la aceptación absoluta en el esplendor de la total entrega, es tal vez  la expresión más acabada de la dignidad humana ante el Todopoderoso.

Sin embargo, el Todopoderoso no Se da por satisfecho. El aspecto pasivo de la perfecta resignación no es suficiente a Sus ojos. Le irrita esta disposición negativa de Job que se traduce en el texto por la insistencia sobre lo que éste no dijo, o sea por la no manifestación del ego.

Esto se entiende cuando se observa que la historia de Job describe a la perfección la realización de un tikún y que cualquier tikún está encaminado a la superación del ego, no a su negación. En efecto, sólo se puede superar algo que existe y se manifiesta. Mientras Job permanezca en un estado de Nirvana que sustrae el polo masculino de la personalidad al poder de la tentación, no habrá superado la prueba que se le esta imponiendo. El ser humano vive en la tierra, en el "Aquí y ahora", tiene la obligación  de asumir su condición y sus circunstancias. Dice Qohélet (VII/16): "No seas exageradamente justo, ni te excedas en la sabiduría ¿Para qué destruirte?". Cuando Job inhibe su ego varonil, Di-s desaprueba su actitud y suscita la aciaga intervención de la mujer.

Puede sonar a paradójico que sea precisamente la irrupción de la presencia femenina lo que obliga a Job a ceder a la atracción de su polo masculino y expresarse ante Di-s y ante los hombres con varonil indignación y exigencia de respuesta por la injusticia sufrida, pero no hará falta detenerse mucho tiempo en pensarlo para comprender que es absolutamente natural. Quien hace de la joven una mujer en el pleno sentido de la palabra, es su esposo y quien permite al hombre manifestarse en tanto que varón, es su esposa. Las nupcias son relación de cada uno al otro y también revelación de cada uno a sí mismo por obra del otro.

Por lo tanto, debemos constatar una vez más que, al exteriorizar su enfado, la mujer de Job cumple con su misión de ser עזר כנגדו–ezer kenegdó- (una ayuda enfrente de él).

Si nos fijamos ahora menos en literalidad del texto que en su completo significado, veremos que la exclamación o, mejor dicho, la pregunta retórica de la esposa engloba unas cuantas preguntas equivalentes que suelen formular las personas irritadas cuando no entienden la actitud de la otra, por ejemplo: "¿Tú en qué piensas? ¿Cómo te comportas así? ¿Tú, dónde te crees que éstas?" preguntas todas que, en hebreo, se apoyan en la palabra  איךo  איכה–éij o eijah- (¿cómo?¿dónde?), pregunta que Di-s dirige a Adán y la esposa del שיר השירים  -Shir Hashirim- (Cantar de los Cantares) a su Amado. No hay pues ninguna duda en cuanto a la referencia espacial implícita en el texto sobre la ubicación espiritual de Job.

Volviendo ahora a la literalidad del texto, constataremos que la referencia temporal a deferencia de la espacial, es perfectamente explícita: "¿Todavía te encasillas en tu perfección?" dice la esposa, enfatizando en el "todavía" con sufijo posesivo. Lo que dice el texto hebreo es עודך–odjá- (Tú todavía), expresión esta que nos fuerza a entrar en una dialéctica profunda. En efecto, el "tú todavía" implica a la vez una exhortación a desprenderse del propio pasado, con lo cual se nos indica que el viaje de Job a través del sufrimiento es el recorrido de un camino iniciático con la obligación de vivir en presente la prueba de los padecimientos incomprensibles y al mismo tiempo una tentación in-formulada  sutilmente antes del ambiguo: "Bendice/ofende a tu Di-s" pero no menos agresiva sino, muy al contrario, cargadísima de malevolencia.

La insidia de este "Tú todavía" la conocemos todos porque nos afecta a diario, la oímos de continuo bajo la forma de consejos pretendidamente realistas tales como. "Los tiempos han cambiado, no es de recibo aferrarse a un pasado lleno de oscurantismo, es menester ponerse al día" etc… etc…, siendo el sobreentendido de tales instigaciones: "Te has quedado aislado en un pasado que los demás tiene ya superado" o sea: "El Bien tenía fecha de caducidad y no lo has advertido".

Malcah...

Continuará...