21 febrero 2008

parashah: Re: AYUDA A JUDIOS EN EL MUNDO

Re: AYUDA A JUDIOS EN EL MUNDO
de Victor Jara - Thursday, 21 de February de 2008, 13:39
 

Saludos a toda la comunidad.

Esta crisis financiera  que estamos pasando en la comunidad refleja el verdadero judaismo que estamos viviendo.

Es triste ver  como se recurre a la limosna,  si sabemos que ayudar a las casas de estudio es una mitzvat. Una Obligacion, no se puede decidir si lo hago o no lo hago  es un mandamiento.

Aqui quedan en el suelo todos los discursos sobre las profundidades de la Torah, kabalah, Zoar, amor a Hashem  amor al projimo....

Si no se ayuda  a un Javer  como el Rab Daniel  que le metio el alma a esta organizacion con hechos no con palabras y de la cual todos sacamos, nos alimentamos, usamos este  medio para toda clase de apariciones  y permanecemos indiferentes ante varios llamados que ya se han recibido.

En estos dias  pude visitar una sinagoga y encontre una lista de expulsados por no pagar  la cuota de sostenimiento...  asi de claro...

Me pregunto  si el dia que HASHEM permita a algunos llegar a obtener la  conversion, que clase de compromiso tendran con su comunidad, cuando deban aportar como los judios con mentalidad comunitaria en todas las sinagogas?   

Es hora de comenzar a vivir judaismo; y no seguir hablando de judaismo;  pues no estamos  haciendo los meritos para decirnos judios.

No mas limosnas. Es urgente una cuota comunitaria obligatoria propongo de $10 dolares al mes, al menos para las personas y grupos verdaderamente comprometidos en cada pais.

Organizar debidamente el recaudo, control y seguimiento para que esta obligacion se cumpla y podamos asi romper con esta comodidad de estar detras de nuestros computadores recibiendo  sin aportar...

Que nuestros hechos reflejen nuestra creencia en el Judaismo ya que los Rabinos no pueden vivir de las flores y adulaciones  que diariamente reciben..

Hago un llamado  a todas las personas que se quieran comprometer en un verdadero movimiento de Judaismo en latinoamerica, para que demostremos que esto es una prioridad en nuestras vidas y no un asunto de si tengo  o no tengo...

Con todo aprecio.

Victor Jara

Bogota Colombia

parashah: Re: AYUDA A JUDIOS EN EL MUNDO

Re: AYUDA A JUDIOS EN EL MUNDO
de Antonio gonzalez - Thursday, 21 de February de 2008, 05:25
 

B"H

lo unico que puedo hacer es compartir con vs.Es mi experiencia personal de sensacion al leer la tora en hebreo.

talves unos crean, otros no.

pero al leerla despasito, y percibirla en mi enterior: con la vista, la voz, el oido; el suspiro profundo persibo algo inesplicable que no senti cuando leia la biblia de traducion valiera.

se que mi intelecto no la entiende y cuando lo intento mas me enrredo. Pero cuando dejo que mi interior sienta, algo me nutre ,me vitaliza y me da paz.

Shalom 

parashah: Re: Contesto a los Evangelizadores

Re: Contesto a los Evangelizadores
de Victor BenAvides - Thursday, 21 de February de 2008, 02:12
 Shalom
La tercera opcion es una clave, la llave como decia (creo que) Josefina.
Haga buenas preguntas Haga buenas preguntas
Si usted tiene una opinion, debe ser un erudito.  Por lo tanto comienze su propia pagina WEB. 
Esta pagina es para los sedientos de ensenanza desde un marco de referencia, el pensamiento judio. 
Me da la impresion que las preguntas son bienvenidas, por supuesto que en el marco del tema a tratarse.  El Rabino da su opinion acerca de la parashat.  Un hombre calificado.  Mi oracion es que Hashem le de sabiduria por que yo estoy aprendiendo de el.

La Haftorah para Ki Tissa se encuentra en I Reyes 18, 1-39
Aqui hay otra famosa confrontacion.  El profeta no tiene temor a ser usado para la reparacion del error y ni se asusta.  Aunque el reproche de Elias era dirigido a los que vacilaban entre dos opiniones.  Escogeos hoy a quien servis resuena en mis entranas. 
Si tiene una opinion asegurese de estar en el foro correcto, hay otros canales permitidos por esta comunidad.  Para expresar una opinion, hable directamente con el Rabino.
Rabino DaniEL, que Hashem le bendiga a usted y sus colaboradores con bendiciones de los Alto.

parashah: Re: Contesto a los Evangelizadores

Re: Contesto a los Evangelizadores
de Elisa Villagrasa Garsin - Thursday, 21 de February de 2008, 01:18
 
Estimado Jaim Iosef  Zamora
 
Despues de leer tu mensaje con el que en principio estiy de acuerdo, no me ha quedado mas remedio que responder a un parrafo que no concuerda en absoluto en todo lo que te refieres en tu escrito, pues en el se pierde el amor al projimo que tu dices debemos de tener todos y en especial esta persona que entró con comentarios no buenos y que yo no vi, pero que por la forma en que todos estais contestando no fueron apropiados.
 
En tu parrafo dices :
 
Si Ud. quiere hacer una  labor de misionero, le recomiendo que vaya a convertir a musulmanes. Seguro que allí será más atendido que aquí. Pero no le garantizo la misma educación que nosotros tenemos para Vd.
 
Yo no soy musulmana pero si tengo  grandes amigos entre ellos, como también entre judios, cristianos, etc., y respeto sus creencias y opiniones y sobre todo no los juzgo y en este parrafo yo creo que juzgas a una mayoria por referencia a una minoria y sinceramente no lo he encontrado correcto, es como juzgar a todo el pueblo alemán por lo que Hitler fue e hizo.
 
Un abrazo para todos con todo amor.
 

20 febrero 2008

parashah: KI TISSAH: La Mirada Orgiástica, por Malcah 5767

KI TISSAH: La Mirada Orgiástica, por Malcah 5767
de Josefina Navarro - Wednesday, 20 de February de 2008, 22:06
 
De: Alias de MSNMalcah-Canali  (Mensaje original)Enviado: 08/03/2007 23:18
B''H
De Malcah para la Quebutzah
 

KI TISÁ
 
LA MIRADA ORGIÁSTICA

     
     Hablar del Becerro de Oro, que es lo que nos incumbe esta semana, puesto que el sábado próximo leeremos la Parashah de Ki Tissá, es hablar de la desesperación, de la ausencia, de la abrumadora decepción, del devorante desconcierto y del vértigo producido por la total confusión y, también, es hablar de la depravación, fruto oscuro y emponzoñado de esta bajada a los infiernos.
    
 Cuando todo un pueblo espera, bajo el sol abrasador del desierto, la vuelta de su jefe que dijo tener que alejarse temporalmente para recibir las órdenes del Eterno, y ve pasar los días y las semanas sin que la anunciada vuelta se produzca, siente angustia, miedo, desconfianza.
 
     Los hebreos que acampaban en el desierto no tenían costumbre de esperar. Venían de Egipto, su psique la habían conformado los horarios rígidos impuestos a los esclavos y la inesquivable férula de los capataces. La esperanza no tenía lugar alguno en su vida. La espera tampoco. El esclavo no tiene tiempo libre, esto que en hebreo se llama "Penay" y está ligado al concepto de vacío, como el románico "vacación". No hay vacaciones para los esclavos, ellos saben muy bien cuál será su próxima obligación, o ya se enterarán, pero tiempo vacío, tiempo libre no habrá, porque el amo no está dispuesto a derrochar... El esclavo no espera nada, ni espera a nadie. La verdad es que el tiempo apenas si existe para él, precisamente porque carece del vacío, del polo negativo, del tiempo, entonces la realidad temporal se le escapa. Nada, en la Creación puede existir sin uno de sus dos polos.
 
     Desde el primer versículo del capítulo segundo de la Torah (no es ninguna casualidad que sea el capítulo segundo, por supuesto), el Eterno santifica el tiempo, le da consistencia al sacralizar su polo negativo, o sea, al instituir el shabbat. Por si alguien se quedara extrañado al leer que el shabbat es un tiempo al leer que el shabbat es un tiempo negativo, mencionaré, antes de proseguir, que Hashem sólo menciona las cosas que no debemos hacer en shabbat. Nunca nos dice que tengamos la obligación de hacer algo especial durante este día. El shabbat es tiempo libre.
 
     Desde esta perspectiva, resulta perfectamente lógico que la sección toráica de Ki Tisá incluya, justo antes del capítulo 32 que se inicia con el episodio del Becerro de Oro, un re-enunciado muy claro y terminante de la exigencia del descanso sabático.
 
     Como lo veníamos diciendo, los hebreos liberados de Egipto no acababan de asimilar la noción de tiempo. En su corazón (estamos en el capítulo 32 de Shemot, y 32 es el número del corazón) seguían siendo esclavos. Al jefe querían verle, no sabían vivir sin su presencia, sus órdenes, su arte de organizarlo todo, su total asunción de la responsabilidad. Ellos podían llegar a ser excelentes ejecutantes, pero no sabían decidir. La ausencia del jefe les sumía en un abismo de incertidumbre. La pobre gente que seguramente entendía que existe la muerte, porque la muerte es algo tangible. El cadáver de un ser querido se puede contemplar o se sabe que alguien lo ha visto. Se declara que alguien ha muerto porque hay constancia de su muerte, pero la desaparición es una ausencia absoluta. El desaparecido puede esta muerto o vivo… todo es una incógnita. Todos cuantos han vivido bajo regímenes políticos crueles, o en medio de guerras, saben que no hay nada más atroz que las desapariciones de las personas. Los familiares y amigos de desaparecidos dicen que preferirían saber que el ser querido ha muerto antes que sufrir la tortura de la desesperada esperanza.
 
     Conviene pues no ser excesivamente duro a la hora de comentar la conducta de aquellos hebreos descarriados que exigieron a Aharon la fabricación de unos dioses materiales, mazizos, brillantes e inofensivos, con un peso de metal suficiente para no esfumarse cuales nubes vaporosas en días o noches de especial calor.
 
     Desde luego, podían haber decidido que, si Moshe no volvía, ellos seguirían con su compromiso, obedeciendo a la Divinidad que les había dictado los Mandamientos. Esto les debía haber dicho su corazón. Podían haber esperado un tiempo más y, en cualquier caso, haberse responsabilizado de su propio destino, siguiendo adelante hasta penetrar y asentarse en la Tierra Prometida, o sea haber interiorizado el liderazgo de Moshé. Podían haber pedido a Aharon o a Josué que se encargara de la jefatura. Podían haber hecho muchas cosas… pero no sabían hacerlas. Aharon era sacerdote y un sacerdote es un portavoz, no es un jefe. Josué no tenía aún la madurez suficiente para asumir el mando… además ninguno de ellos estaba dotado con un carisma comparable al de Moshé. Pero ellos, sí, sabían esperar.
 
     En cuanto al pueblo, pues, lo más probable es que, en su inquietud, no tardara en prestar oídos complacientes a los voceros del materialismo, a los grandes listorros que adoptan aires superiores cuando las circunstancias exigen valor. Son los que exigen la rendición a lo inaceptable en nombre de la inteligencia, la adoración a objetos inanimados en nombre del conocimiento de la vida y la traición a los principios en nombre de la dignidad. Se juntan, gritan, escarnecen a los más virtuosos, se hacen corear por otros bocazas tan cobardes como ellos y acaban por conseguir la perversión de los valores y de todo lo auténtico.
 
     El Dió pasa de ser una Voz que se oye a una forma animal a la cual se mira con lascivia y la luz se encubre ante el brillo artificial y chillón del metal fundido. Los hebreos se dejaron seducir, por lo menos un número suficiente de ellos para representar al pueblo en su conjunto. Quisieron "ver" a sus dioses… ¡ver! Tal vez sea  junto con el verbo amar, uno de los que más se abusa y que más equívocos ha engendrado por su uso ramplón y perverso. Recuerdo a un estudiante que, con sus veinte años recién estrenados, estaba convencido de gozar de una mente privilegiada. Preguntó un día a mi marido, en tono de condescendiente sorna: "¿Ha visto Vd. Alguna vez a D.os?" a lo cual Diego (bendita sea su memoria) contestó: "Has visto tú alguna vez un pensamiento?" y, ante la negativa del joven, añadió: "Sin embargo, estoy seguro de que crees en la existencia de los pensamientos".
 
     Aquel joven era un digno discípulo de quienes abogaron por la realización del becerro de oro. Querían ver la divinidad porque lo que se ve es muy tranquilizador. Es externo, es un objeto que se puede mirar… o dejar de mirar. La Voz es otra cosa. La Voz puede venir de dentro, puede hacerSe oír incluso si el sujeto no quiere. La Voz es inquietante y procede de la Luz, la luz deslumbrante que es imposible mirar de frente y se plasma en un ser vivo, un Ser Absoluto que es Vida, que vibra y hace vibrar y que se expresa por boca de un ser humano, que puede morir… o desaparecer.
 
     Todo esto es terrible. Los hebreos lo están viviendo y, ni la recogida diaria del Maná, ni la presencia del sacerdote, ni el recuerdo tan reciente del paso del mar y de la espectacular derrota faraónica tendrán poder suficiente para alumbrar sus corazones. Ellos se dejan seducir por los grandes listorros y piden un sucedáneo de la Divinidad, un becerro de metal fundido… como los egipcios. ¿Hacer lo mismo que el ex-opresor?, ¡esto sí que es victoria! "¡Ahora me toca a mí!", el desquite alienante que conlleva la autonegación.
 
     Pues, lo consiguieron. Aharon transigió, con gran inteligencia, por cierto. Les dio lo que pedían y la oportunidad de valorar las consecuencias. Si fue un apocado, no lo sabemos.
 
     Les pidió el oro de sus mujeres y de sus hijas, pero esto les pareció poco y lo mezclaron con el oro de lo varones. Ya conocemos el resultado: Aharon les hizo un becerro de fundición. Aquí, no se emplea la palabra "zahav" que significa "oro" sino la palabra "maseja", que es esto: "fundición".
 
     No hay duda de que, para el Autor del texto y para Aharon, su sacerdote, el oro más o menos adulterado con el que se hace las joyas humanas, no tiene, ni de lejos, la categoría del oro que El Eterno pide para su Santuario y los objetos sagrados.
 
     El oro fundido del becerro es el metal que sirve para hacer las monedas. Es el oro cuyo brillo enloquece a quienes lo contemplan con los ojos del deseo perverso y de la codicia. En su culto, los seres humanos pierden el control de sus pasiones y se entregan a las más viles de entre ellas. Cuando lo contemplan se sienten impulsados a vivir en una perpetua orgía que les devora la existencia, aunque ellos quieran contar que disfrutan de los placeres más refinados. La mirada orgiástica está siempre dirigida hacia la imagen, hacia el movimiento vital esclerotizado, petrificado, paralizado en la inercia de la estatua.
 
     Hoy día, el culto al oro, al dinero, se ha incrementado hasta un punto inimaginable con la orgía consumista. Mucha gente se ha vaciado de todo contenido interior. Su corazón late al ritmo de las imágenes. Compran lo que ven y lo colocan sobre sus estanterías en forma de objetos o de fotos en las que se contemplan a sí mismos transformándose en peleles risueños que se ríen a carcajadas, abrazados a los amigos… ¡como si toda su vida y toda la dicha posible consistieran en ser una imagen!
 
     Gracias al Eterno, cuyo Santo Nombre siempre bendeciremos, las cosas no van a poder seguir por este camino. Nuestro hermoso planeta no lo acepta y un número cada vez mayor de seres humanos obra para que la vida siga siendo un puro santuario en el que nuestros hijos y nietos conozcan la paz y la concordia de los corazones unidos capaces de oír la Voz de la pureza y de la Santa Misericordia.
 
     Cuando mencionemos el Becerro de Oro, los chiquitines se reirán.

parashah: KI TISSA: Cuestión de Cultura, por Malcah 5768

KI TISSA: Cuestión de Cultura, por Malcah 5768
de Josefina Navarro - Wednesday, 20 de February de 2008, 22:04
 

B''H

De Malcah para la Quevutzah

17 de Adar I 5768

23 febrero 2008

KI TISSA

Cuestión de Cultura

 

Hace años, se empleaba a menudo, en España por lo menos, la expresión: "hacerle el padrón a alguien" para designar la groserísima costumbre de acosar a la gente a preguntas sobre su vida privada. Con el tiempo, esta frasecilla cargada de leve irritación ha ido desapareciendo de las  conversaciones, tal vez por lo gratificante que resulta hoy día el tiempo pasado a la espera de que un tablón luminoso indique el número inscrito en un papelito que llevamos apretado en la mano derecha. Entonces podremos acercarnos a la ventanilla número x para solicitar el certificado de empadronamiento, siempre que enseñemos nuestro documento de identidad con su número. Estar empadronado es todo un privilegio porque, aunque parece fácil, hay "vagabundos y otra gentes de mal vivir" que no lo consiguen. Si no nos gusta el padrón es que nos falta cultura. Lo sabemos por la cantidad de veces que los medios de comunicación, los llamados "media", nos recuerden que no aceptar con profundo gozo las exigencias de una administración que nos despoja de nuestra propia vida con sus circunstancias, para reducirnos a una acumulación de datos, es prueba inequívoca de carencia cultural.

Pues según este criterio, a Moshé Rabenu (nuestro maestro Moisés) debía de faltarle cultura puesto que escuchó la Voz del Eterno que le dijo: "Censa a los Hijos de Israel, pero velando por el pago de un rescate para cada uno de ellos y evitarles así la muerte por haber sido empadronados".

¡El empadronamiento asimilable al asesinato! ¡Hasta ahí podíamos llegar! Les faltaba cultura a aquellos antepasados nuestros que habían sido esclavos… o les sobraba. ¿Quién sabe? Porque a los esclavos se les cuenta y se les recuenta a cada momento. Son números, no personas. Una muestra de cultura por el estilo se dio en el siglo pasado: a los nuestros, y a otros se les tatuaba su número en el antebrazo. Los autores del invento decían que al oír hablar de cultura sacaban la pistola, pero sus herederos parece que se lo piensan.

En fin, ahora somos cultos, cultísimos: el padrón tiene buena fama y nos abre las puertas de una vida digna, con derecho a voto, a prestaciones, asignaciones económicas, etc… todo lo cual no obsta para que el Eterno ordenase que se rescatara a los individuos que lo sufrían.  Y aquí viene la pregunta: ¿Por qué es tan asesino el padrón, llámesele censo, documento de identidad, o lo que sea? En cuanto aparecen los números referidos a los seres humanos, la muerte esté llamando a la puerta. El mismo rey David fue incitado por Hašhem, que estaba airado contra Israel, a censar la población. El castigo fue una peste que provocó el fallecimiento de setenta mil hombres. 


La primera respuesta que se puede dar a la pregunta que planteamos es que el Eterno prometió que la descendencia de Abraham Abinu sería más numerosa que las estrellas del cielo y la arena del mar. Por lo tanto, no se la podría contar, ni se debía intentarlo siquiera, porque, en buena lógica, solo se puede contar lo que se considera limitado. De hecho, nuestra falta de cultura nos obliga a constatar que el censo, bajo todas sus formas, es propio de países llamados "desarrollados" donde los nacimientos escasean por las prácticas anticonceptivas, la infertilidad creciente y los abortos. Se palian los efectos de la catástrofe con la llegada masiva de inmigrantes que, una vez empadronados, irán adquiriendo la cultura suficiente para pagar hipotecas y controlar los nacimientos. La Torah afirma que el recuento de una población, acarrea su mengua. Pues, parece que es verdad. ¡A ver si se va a resultar que el Eterno sabe lo que dice!

Habrá quien nos objete que la prohibición de censar se refiere sólo a los Benei Israel. Esto es lo que me enseñaron a mí. Pero este planteamiento tropieza sobre el obstáculo que a continuación vamos a mencionar y que se resume en una pregunta: ¿Cuál es el país que no cuenta a hijos de Israel entre su población? Judíos sabedores de que lo son, practiquen o no practiquen el judaísmo, los hay en todos los países del mundo. No digamos descendientes de judíos por vía materna ininterrumpida que ignoran este pormenor de su identidad. También los hay, porque muchas congregaciones forzados al exilio por circunstancias económicas o políticas quisieron mantener su cohesión y se instalaron en barrios que facilitaban a su habituales relaciones de vecindario, las cuales, incluso fuera de toda vida religiosa, favorecían cierta endogamia.

Resumiendo: nadie, al censar una población, puede estar seguro de hacer recuento de Benei Israel.

Viene luego una segunda razón para explicar la prohibición del censo, cuando éste no viene formalmente ordenado por el Eterno y no es llevado a cabo en las condiciones que El estipula. Es la que hemos apuntado más arriba, como de pasada, pero que requiere atención; seguramente contenga el secreto de la vinculación existente entre el censo y la muerte.

Como lo veníamos diciendo, censar a una población, empadronarla, es reducirla a una interminable sucesión de números o, para hablar con total propiedad, respetando la etimología griega del vocablo, una larga teoría de números. Para los griegos, y mucho antes de designar una organización de conceptos en torno a determinados puntos de vista o fenómenos, una teoría era una procesión en honor de los ídolos. Que los ídolos no andaba lejos de la Cultura esgrimida a cada momento como logtipo del pensamiento ortodoxo, todo era cuestión de razonarlo (ya veo que  algunos de vosotros sonriéndose como mi amigo J.B. que es un alma superior y un grandísimo rabino, aunque no hay manera de que se desprenda de su admiración por los griegos "que eran amantes de la belleza"… sí la belleza que consiste en medir pechos, cintura y caderas, a ver si cuadran los números.) Pues bien, el censo priva a los seres humanos de su vida, los designa como números, no como personas procedentes de la luz del alma, expresada en el latido de corazón.

El censo ignora el impulso del ser hacia la unificación con el Creador de la Vida.

Es odioso el hecho de saberse reductible y reducido a dígitos, que no a cifras significativas como lo son las de nuestra Santa Kabbalah, sino a "números" insulsos e intercambiables. Imaginad, un momento, por favor, que yo vaya a la oficina del padrón para explicar que me voy a ver en la obligación de mudarme al nº 41 de mi calle, abandonando el 39 en el que mi hijo y yo nos cobijamos actualmente. (No es cierto, e sólo un ejemplo). En la oficina del Padrón me pedirán algunos papeles y luego me informarían de que el monto de mi impuesto sobre bienes inmuebles no iba a variar porque los dos pisos son iguales. Yo no tendría opción a explicar que no, que no son iguales, por que éste del 39 es la casa donde viví con Diego, donde él, cuando a estaba muy enfermo, fue a cerrar la ventana en el cuarto del chico para que el violonchelo no se enfriara, donde rezamos juntos la shemá por ultima vez… no puedo decirles estas cosas porque el tablón luminoso ya está señalando el número siguiente.

Probablemente, el hecho de saberse censado produzca en la psique humana una profundísimo dolor, manifestado en un rechazo visceral que, quizás, produzca más esterilidad que los vaqueros demasiado estrecho para el derecho de la anatomía masculina a gozar de cierta holgura. Cuando el ser humano intuye, siente, comprende, que le han despojado de su vida, es presa de una desesperación tácita, vergonzante y como clandestina… inculta, e suma… que le desconcierta, le abruma y transforma su auténtico deseo de vivir en apetencia por todo lo que se puede conseguir a cambio de dinero, por el Becerro de Oro, por el dinero, las drogas, el juego o el sexo light, sin amor.

En latín, como en las lenguas románicas, por supuesto, la voz "número" cuenta entre sus derivados, no sólo economía, sino también "moneda".

¡Una moneda, una moneda de cambio! En esto se convierte el ser humano cuando le censan y le empadronan.

La moneda es el dinero, es el oro de los intercambios comerciales, el oro de los ídolos, el oro del Becerro, aquel bicho exánime, forma maciza e inerte que enloqueció a una buena parte de los Hijos de Israel, porque se podía ver y tocar. Era sólo forma, igual que las personas degradadas por el censo hasta quedarse en un conjunto de números.

Todos cuantos han visto derribar a una estatua han quedado bastante asqueados al contemplar la fealdad de su interior, por el aspecto satánico de unos cuantos trozos de hierro que componen el armatoste y se revelan de repente como estructura de la nada.

Esto es lo que hacen con nosotros cuando nos numeran y esto es lo que hicieron los hebreos con su alma cuando, recién salidos de Egipto, exigieron a Aarón la fundición del Becerro de Oro. No es pues de extrañar que el párrafo alusivo a la veda del censo y el que relata el episodio del Becerro se encuentran en la misma parašhah y a muy poca distancia el uno del otro. Ambos se refieren a la ruptura de la unidad que supone la exclusión del fondo a favor de la forma.

Si nos preguntamos ahora por qué goza muy fácilmente la forma de tanta predilección por parte de la debilidad anímica, el primer atisbo de respuesta nos vendrá de su aspecto restrictivo. De los cinco sentidos que conforman nuestra percepción del mundo, la forma sólo apela a dos, como ya hemos señalado: el tacto y la vista. El oído, el olfato y el sabor que no permiten delimitar la captación de los mensajes quedan fuera de su ámbito. Son demasiado inquietantes en su inmaterialidad. La forma maciza, compacta, estática y muda, en principio, no reserva sorpresas. No es como la voz, la voz que, eventualmente, puede atreverse a enunciar que un piso no es igual a otro… no es como el olfato que puede traer efluvios del Paraíso o relente del Infierno y habrá que escoger… tampoco es como el sabor que transforma la ingesta de calorías computables en asunto subjetivo de deleite o asco.

La forma es securizante. La vista permite reproducirla y la habilidad manual fabricarla y palparla. Por lo menos era así en los tiempos antiguos, cuando la momentánea ausencia de Moshé fue interpretada por los pusilánimes como un regate de la forma. En la actualidad la presencia de los sentidos que tradicionalmente habían presidido a la constitución y captación de la forma, se ha esfumado, dejando paso a la sublimación ya demostrada en Ki Tissá: el predominio de los números sobre las exigencias vivenciales, la alegría del corazón y la exaltación del alma. Sin embargo, como todos sabemos, el baile de la borrachera acompañada de las correspondientes vomitonas alrededor del Becerro inanimado conoció un rápido final.

Así pues, más dichosos nosotros que los hebreos liberados de Egipto, sabemos que Moshé siempre baja del Sinai con la Torah en las manos, y si rompe las piedras, en el estallido de legítimo furor, volverá a subir, a escuchar la Voz del Creador y volverá a bajar las Lujot (Tablas) de la Vida para guiarnos y protegernos en el camino de la Unidad que lleva al Corazón de Haqadosh Baruj Hu.

Esto nos lo facilitará siempre la observancia del shabbat, que viene encarecida muy intensivamente entre el párrafo de padrón y del Becerro, lo cual no es ninguna coincidencia. No hay coincidencias en la Torah. El shabbat es el tiempo de la vida interior, de la reflexión, el tiempo de la libertad. Quien lo observa con piedad nunca caerá en las trampas de materialismo, por mucho que se disfracen de cultura.

¡Bendito Sea Hašhem, Guardián de la Libertad!

parashah: Re: Pregunta al rav Daniel y a los foristas

Re: Pregunta al rav Daniel y a los foristas
de fernando guerrero - Wednesday, 20 de February de 2008, 22:00
 

Me uno al llamado de Julio Cesar, escuchenlo, el ambiente esta cargado de intolerancia, mas agresivos, ahi no esta Hashem, respetemos, dedicate a estudiar, a aplicar a u vida, LA MISION DE USTEDES ES TRAER LA LUZ AL MUNDO.

por favor, que necesitan, que todos escribamos de esta forma para que comprendamos.