02 febrero 2006

parashah: Parashát Bó, por Rav Daniel Oppenheimer - Ojos que no ven...

Parashát Bó, por Rav Daniel Oppenheimer - Ojos que no ven...
de EduPlanet Rectorate (daniEl I. Ginerman) - Wednesday, 1 de February de 2006, 23:16
 
Parashát Bó
OJOS QUE NO VEN...

por Rav Daniel Oppenheimer

R. Zishe de Anipoli (fall. en 1800) era una persona alegre que, a pesar de sufrir tremendas privaciones de toda índole, nunca se preocupaba por sus propios problemas, sabiendo que todo lo que ocurría estaba en manos de D’s. Él vivía tratando de aliviar el peso de la carga de los demás.
El maestro de R. Zishe fue el Magguid de Mezrich (1704-1772) a quien R. Zishe solía acudir para consultarle acerca de todos los temas espirituales. Un día, cuando R. Zishe estaba por emprender su viaje a ver al Magguid, la esposa lo encaró y le insistió que le pidiera al Rebbe que rece por el futuro de su hija, quien ya estaba en edad de casarse, pero que, dada la situación apremiante de R. Zishe que no podía aportar con una ayuda económica para el casamiento, seguía y seguía, soltera. “Siempre te pido que menciones el tema, siempre decís que ‘sí’ y, al final, te olvidas...”- le dijo enfáticamente. “Esta vez va a ser distinto”- contestó R. Zishe - “esta vez no me voy a olvidar” - le aseguró, y se fue a ver a su maestro.
R. Zishe estuvo un tiempo con el Magguid, consultando y pidiendo por los pesares de todos los demás, salvo la propia. Cuando llegó el momento de despedirse, el maestro le preguntó: “Zishe, ¿no tenés una hija para casar?” R. Zishe se tomó de la cabeza: “Ay! sí, Rebbe, ya me olvidaba...”. El Magguid extrajo un sobre del escritorio y se lo entregó. “Zishe, acá tenés 300 rublos”- dijo - “que sea con éxito”.
“Muchas gracias” - contestó R. Zishe y emprendió su vuelta hacia casa. En el camino, pasó por una pensión en donde se estaba por realizar un casamiento. La gente estaba muy alegre, pero cuando R. Zishe se acercó al lugar en el que se encontraban los padres de los novios, sólo se sentía confusión y malhumor. R. Zishe investigó y se enteró que la madre de la novia había prometido al novio 300 rublos y no podía encontrar el dinero. Todos trataban de darle consejos en dónde buscarlo, mientras la familia del novio se tornaba cada vez más impaciente.
R. Zishe se paró en medio del salón y anunció que entendía que había un problema de un dinero que se había perdido, y que, casualmente, él había encontrado ese dinero. Inmediatamente se escuchó un aplauso alegre en la sala cuando todos se enteraron de la noticia. “Esperen”- llamó R. Zishe - “necesito que la madre de la novia me diga exactamente de cuánto dinero se trata y qué billetes eran”.
La mujer se acercó y le dio la información de acuerdo a lo que se acordaba. “Bien” - dijo R. Zishe - “tengo que ir a mi habitación y corroborar”. Todos esperaban ansiosos mientras R. Zishe fue al cambista y consiguió canjear su dinero a las denominaciones que había dicho la señora.
Por fin, entró sonriente al salón y anunció para el alivio de la gente: “tengo el dinero exactamente como el que se perdió” señaló, “pero..., creo que por haberme molestado, me merezco una recompensa”.
La gente lo miró molesta: ¿Desde cuándo una persona tiene la osadía de pedir un premio por la devolución de algo hallado?! Algunos empujaban para acercarse a este extraño y agredirlo. Uno de ellos pidió silencio y le preguntó: “Bueno”- dijo - “¿ y cuánto es lo que pretendes como premio?”
“Veinticinco rublos!” respondió R. Zishe. “¿Veinticinco rublos?!” - gritaron todos - “eso es absurdo!”. Intentaron sacarlo del salón para pegarle, mientras R. Zishe sostenía su dinero sin querer entregarlo. En medio de todo el caos, R. Zishe gritó: “¿No hay un rabino en el pueblo? Vayamos a consultarle!” De ambos lados la gente sostenía a R. Zishe para que no se escape y fueron a ver al Rav quien escuchó ambos argumentos, primero a la madre histérica y luego a este Jasid que decía ser discípulo del Magguid de Mezrich. El Rav se enojó con R. Zishe por su falta de sensibilidad y le ordenó entregar la suma total a la madre de la novia.
R. Zishe abandonó la ciudad seguido por una lluvia de degradación e insultos. No pasó mucho tiempo y el Magguid pasó por el pueblo en donde había sucedido este episodio. El Rav le relató lo que había sucedido y la conducta que había tenido su alumno. El Magguid se sonrió. Sabía que si alguien estaba preocupado por el bienestar de los demás, entonces era R. Zishe. Le aseguró a su anfitrión que tomaría cartas en el asunto. El Magguid llamó a R. Zishe, quien inmediatamente concurrió a ver a su maestro. “Entiendo” - dijo el Magguid - “porqué quisiste entregar el dinero. Pero, ¿por qué tenías que hacer una exigencia ridícula ante la gente?”
R. Zishe sintió vergüenza porque se había descubierto su maniobra. “Rebbe” - explicó - “cuando estaba por entregar el dinero, de repente comencé a sentirme como un tzadik (santo). Me decía a mí mismo: ‘Zishe, no hay como vos. ¿Quién entregaría, acaso, toda su fortuna para ayudar a otro?’ ‘Zishe! Debes saber que es la acción más valiosa que has hecho en toda tu vida!’. Entonces me pregunté: ¿Acaso voy a manchar la Mitzvá con orgullo y arrogancia? Por eso, pensé en esta estrategia para no llevarme honores indebidos, y, créame Rebbe! que funcionó muy bien”...
(adaptado del libro “The Maggid Speaks” de Rabbi Paysach Krohn)
 
La Parshá Bó nos relata acerca de las últimas tres plagas que hubo en Egipto. En una de ellas, la oscuridad, el versículo nos dice que “no vio cada uno a su hermano tres días ni se levantó cada uno de su lugar durante tres días”. El Rav Avraham Twerski M.D. (“Living each week”) explica la relación entre ambas partes de la frase. Si una persona “no ve” al otro, es decir que no se percata de lo que le está sucediendo, entonces la consecuencia es que “no se levanta”, es decir, que no se eleva espiritualmente, sino que queda estancado en su egoísmo. Era eso lo que sucedía en Egipto. La idolatría que practicaban los egipcios y algunos de los israelitas, no era una simple moda, sino que reflejaba una actitud de egoísmo por la que cada uno crea su sistema “ético” tal como se le place o le queda cómodo. La oscuridad (el egoísmo de la gente) que “fue espesa”, no permitía llegar a profundizar otras buenas características que podían llegar a tener.
¿Cuándo el pueblo finalmente salió de Egipto? Pues cuando habiendo traído su sacrificio de Pesaj, que consistía en un corderito debían ver si “eran pocos en la casa para consumirlo, entonces debían encontrar al vecino quien lo necesitara para compartirlo” (el versículo explicado según el R.Sh.R. Hirsch sz”l).
Qué lección para nosotros que muchas veces somos cortos de vista en lo que hace a la necesidad ajena...

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