17 agosto 2005

Matók MiDvásh #30 - Bamidbár 5765 - Excursión al desierto, o cómo descubrir un camino de certezas eficientes

Matók MiDvásh: prensa electrónica de Ieshivah.Net - Edición No. XXX
Iár 5765, Parasha't Bamidbár, desde Jerusalem
Edición dedicada a la elevación del alma de Golda bat-Shraga, y al Shalóm sin mella para todo quien se sabe y se quiere Israel
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"... y os Icé sobre alas de águilas, y os traje hacia Mí..."
Excursión al desierto, o cómo descubrir un camino de certezas eficientes
disfruta la clase que dimos, hace justo un año, en parashát Bamidbár
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Javerím, queridos amigos, Shalóm:

Hemos culminado el libro Vaikrá -Levítico-, y nos disponemos a ingresar, en nuestra lectura anual de la Toráh, al libro Bamidbár -Números-, la verdadera traducción de cuyo nombre es: "en el desierto". El "midbár" es el lugar en que se cocinará el "davár", la "palabra" y la "cosa": el nuevo discurso vital de Israel, en el verbo y la acción.

Días atrás, escuché el siguiente relato en una clase de Rav Iosef Najum Shtrom: El Admúr de Pittsburgh subió cierto día a un ómnibus y vio con extrañeza que, tal como frente al chofer había un volante, había otro volante frente al asiento que se encontraba a la derecha del chofer. Perplejo, consultó qué sentido tenía que hubiera dos volantes en el ómnibus, cuando sólo un chofer podía conducir. Le respondió el chofer: "Tengo un hijo hiperactivo, que siempre me pide que le permita conducir; a veces, se arroja incluso sobre el volante, y temo que logre desviar el ómnibus. De modo que solicité a un mecánico que me instale ese otro volante. Cuando mi hijo viaja conmigo, se sienta en ese asiento. Yo conduzco el ómnibus. El mueve el volante, también, para uno y otro lado a su antojo; y cree que está conduciendo".

Tal como la del niño hiperactivo en este relato, es la situación de muchos hombres en nuestro mundo. Creen tener potestad y herramientas eficaces para determinar hacia dónde se debe dirigir la realidad, y para conducirla hacia allí; y se aferran a un volante de juguete que mueven frenéticamente hacia uno y otro lado, sin descanso, sintiéndose los conductores del ómnibus.... Cuando el camino es agradable y las estaciones en que descansa son placenteras, el supuesto conductor se enorgullece de sus propias habilidad y fuerza. Cuando, Hashém nos libre, ocurren accidentes, el "conductor" se siente culpable y frustrado, se entristece y se deprime. Muchos hay que no salen jamás de esa ilusión ciega: "El hombre es guiado hacia el camino que él mismo desea recorrer", citan a Rabí El'azár en el Tratado de Macót 10b, y a quien no desea despertar, el Creador no acude a interrumpirle la ilusión.

No obstante, barúj Hashém, en la historia y en la vida hay puntos de inflexión; y personas y circunstancias cuyo mérito los produce.

Entonces, sucede de pronto que el conductor iluso dobla su volante hacia la derecha, y el vehículo, desobedeciéndole, continúa su camino hacia delante o dobla en sentido contrario. El conductor acelera y el vehículo frena, o viceversa. O aparece una multitud de volantes distribuidos por todas partes, todos iguales, y todos con pretensiones de control. O desaparecen todos los volantes, y no por ello detiene el vehículo su marcha segura rumbo al destino correcto. Entonces, tras el primer instante de estupefacción, la ilusión del hombre evanesce, y tiene una oportunidad única de despertar a la Verdad.

El libro Bamidbár, en que nos adentramos a partir de esta semana, es el eje que nos prevendrá y nos guiará para no caer en la vana ilusión de decir "Mi fuerza y el vigor de mi mano hicieron para mí esta riqueza" (Devarím -Deuteronomio- 8:17). Hasta ahora, el pueblo de Israel ha vivido únicamente en régimen de milagros: con maravillas y portentos fuimos liberados de Mitsráim, cruzamos el mar Rojo por tierra seca y recibimos toda la riqueza del ejército egipcio por botín; recibimos agua y alimento desde la rutina de un milagro cotidiano; oímos al Creador hablarnos al pie del Monte Sinai; recibimos la Toráh; y de igual modo sorteamos obstáculos innumerables. No cabía modo de dudar acerca de quién Es el verdadero conductor del vehículo... y no había excusa posible para incurrir en la tentación de la duda.

A partir de ahora, la situación comenzará a tornar hacia una vida distinta. En Bamidbár, comienzan los preparativos que nos llevarán por fin a ingresar a la tierra de Israel, donde deberemos empeñar esfuerzo propio para merecer la cosecha de cada año; donde deberemos luchar contra nuestros enemigos empuñando armas en nuestras manos; donde deberemos, por fin, asumir responsabilidad por nuestro destino. Hasta ahora, en la primer etapa de nuestro tránsito por el desierto, fuimos conducidos por un "chofer" que se reveló ante nosotros y nos dijo: "tú, siéntate tranquilo y descansa; yo te llevo a casa y te proveo todo lo necesario para el viaje". A partir de ahora, la situación cambiará.

Acaso ésto suene contradictorio. ¿Es que a partir de ahora sí pasará a estar, efectivamente, el volante en nuestras manos? No; en modo alguno: el Creador dirige la creación, y el destino de cada una de sus creaturas. Mas si bien "sostener el volante" y fijar el rumbo no será nuestra función en la vida, hay en cada instante, en cada palabra, cada pensamiento, cada acción, una herramienta puesta en nuestras manos para incidir en el recorrido: en cómo será el viaje, en cómo arribaremos a destino, y aún, en la determinación de a qué destino nos tocará a cada uno arribar.

Nuestra parasháh dedica gran atención a ingredientes formales y terrenos de nuestra preparación para el cambio. Tiene lugar en ella un censo peculiar del pueblo de Israel. Asimismo, se dispone la formación en que continuarán su camino por el desierto, cada familia unida bajo su propio estandarte y organizada de acuerdo a la función que le corresponde en el contexto del pueblo todo. Comienza, en fin, a dibujarse una estructura que permitirá, a partir de la Toráh, que retengamos la especial supervisión y protección del Creador, y su guía y ayuda permanente.

El sentido último de todo ésto y cuanto le seguirá es enseñarnos la medida correcta de nuestra "hishtadlút", de nuestro esfuerzo. Tal como dijimos más arriba: "El hombre es guiado hacia el camino que él mismo desea recorrer": ahora, debemos aprender cómo manifestar nuestro deseo de recorrer el camino y qué hacer por merecerlo, para que el Creador complete por nosotros la obra que intentan nuestras manos.

Respecto a cómo debemos actuar, en lo sucesivo, para que la tónica milagrosa de la vida se sostenga en nuestros días, acude a decirnos Rabi Janina (Tratado de Brajót 33b): "Todo está en manos de Hashém, menos el temor (la conciencia Verdadera de) a Hashém". Si aferramos nuestra conciencia a la Verdad y profundizamos en ella cada día, estaremos cumpliendo la porción fundamental del esfuerzo que se requiere de nosotros, por medio de expandir la Luz de la Verdad, y acercar el mundo material a su consagración espiritual. Tal, el primer indicador de camino.

A propósito de nuestra parasháh (Bamidbár -Números- 3:38) dice Rabí Iosi, citado por el Zohar haNigléh: "En el sitio destinado a los ba'aléi-teshuváh -a quienes recuperaron y retornaron a la Respuesta- en el Mundo PorVenir, ni aún los tsadikím -los justos completos- tienen autorización de pararse. Porque quienes (estuvieron fuera y) tomaron el camino de la consagración, están más cerca del Rey que nadie más, y atraen sobre sí el Flujo Supremo (la luz más plena, que se traduce tanto en bien material como espiritual) con la voluntad de su corazón, y con una fuerza superior a cualquier otra se aproximan al Creador".

Me adelanto a los comentarios: es un camino duro y difícil hoy, el primer tramo del camino de la fe; los primeros pasos hacia la "Teshuváh", hacia la recuperación de la Respuesta plena y verdadera. Es un camino difícil en el ritmo vertiginoso en que vivimos, cavando cual topos frenéticos bajo nuestros pies para sorprendernos luego de habernos caído. No en vano reclaman las bisabuelas que, en nuestros días, se han perdido "las formas", los "buenos modales"; y la palabra "honor" se arrumba en los diccionarios de arcaísmos. Pero no hay felicidad plena ni duradera en este ritmo y este modo de actuar, ni más que indolencia vana en la libertad de quien camina sin rumbo.

Bamidbár llega este año para decirnos, elocuentemente: aún en las etapas de oscuridad, cuando todo parezca depender de las fuerzas que no tienes, cuando dé la sensación de que el Orden se desarma y de que no quedan garantías, aún en esos momentos terribles para el alma y agotadores para la razón, existe una puerta que espera ser atravesada por tí, y un camino de certezas eficientes se dibuja diáfano tras ella. Y entonces, por fin, ya no necesitarás la ilusión engañosa de que puedes dirigirlo y abarcarlo todo, y tampoco estarás ya más desnudo. Porque sabrás de la forma correcta, y dispondrás de guía y de respuesta, y la maravillosa Luz reservada a lo sagrado nos alumbrará a todos a tu través.

Mis brajót para vosotros, desde Ierushalaim,

daniEl I. Ginerman
Editor

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